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Conectar los puntos

Desde que Amazon demostró que una librería online podía convertirse en infraestructura para el comercio global, y Alibaba orquestó el mercado más grande del planeta sin poseer inventario, el camino quedó definido: el modelo, del modelo de negocio, es el ecosistema en sí mismo.

Comparar escalas es cuesta arriba. Pocas empresas se pueden dar el lujo de los recursos, ya no se diga de la paciencia y la estrategia para diseña una arquitectura que cubra múltiples capas de operación e integración, buscando capturar cada ocasión de transacción. Construir ecosistemas, al estilo Alibaba o Amazon, requiere recursos que la mayoría de las empresas simplemente no tienen.

Esto es una masiva y persistente inversión en crear interés compuesto desde conectar los puntos finos de productos y servicios que crean más cuando se complementan. Muchos que lo han intentado y ante impaciencia o la falta de esas escalas, optan por versiones miniaturizadas de la misma estrategia: lanzan Plataformas o Marketplaces que son poco más que portales con algunas integraciones. Declaran como «ecosistemas» a redes de aliados tradicionales. Invierten en infraestructura tecnológica esperando que la arquitectura por sí sola genere la ventaja que están buscando.

Persiguiendo el Síntoma, no la Causa

Lo que hace poderosas a las empresas de referencia es que cada transacción no solo es margen capturado, les entrega un fragmento de información sobre comportamiento de mercado. Agregados, esos millones de fragmentos no solo les permiten ver el mercado, les permiten predecirlo.

Alibaba o Amazon monitorean patrones de compra que revelan tendencias emergentes. Detecta cambios en preferencias antes que aparezcan en estudios de mercado. Esa granularidad de información -no la plataforma o los productos individuales en sí—es su ventaja competitiva.

Amazon conoce qué categorías están creciendo, qué características valoran los usuarios, qué precios maximizan conversión, qué logística les sirve mejor. AWS sabe qué tecnologías están adoptando startups antes que se masifiquen. Cada servicio alimenta conocimiento que informa y perfilan las estrategias de sus otros servicios.

La plataforma es el vehículo. La información distribuida y agregada es el activo.

Lo que quizá sorprenda, o no, revelador es que esos fragmentos de información ya existen en las redes de cualquier empresa. Simplemente están dispersos en nodos que nadie está conectando.

Un proveedor sabe algo sobre tendencias de materiales que afectarán costos en seis meses. Un cliente conoce comportamientos de usuarios que señalan cambio en demanda. El cliente de tu cliente tiene información sobre mercados emergentes en lo que tu producto podría tener tracción. El proveedor de tu proveedor detecta cambios tecnológicos que cambiarán tu industria.

Cada nodo tiene un fragmento. Nadie tiene la imagen completa. ¿Cómo se conectan los puntos?

En 1973, el sociólogo Mark Granovetter publicó un artículo pionero en la teoría de redes: «The Strength of Weak Ties.» Su idea: los vínculos débiles que cruzan entre grupos distintos son más valiosos que vínculos fuertes dentro de grupos homogéneos porque transfieren información no redundante.

Tu amigo cercano probablemente conoce las mismas cosas que tú—trabajan en misma empresa, operan en mismos círculos, leen mismas publicaciones. Información redundante para la riqueza del microsistema en el que operas. Un conocido que trabaja en una industria diferente te da acceso a conocimiento completamente nuevo. Información no redundante.

Ronald Burt, profesor de psicología y estrategia de la Universidad de Chicago extendió esta idea con su concepto de «agujeros estructurales”. Los espacios vacíos entre grupos desconectados en una red. Las personas o empresas que ocupan posiciones que conectan grupos separados tienen ventaja en que saber y como orientarlo. No porque sepan más intrínsecamente, sino porque ven conexiones que otros no.

En su estudio sobre Xerox de 2004, Burt analizó a 673 gerentes, sus relaciones jerárquicas y procesos de comunicación. Pidió a todos elaborar ideas para mejorar la cadena de suministro. La dirección evaluó calidad de ideas sin saber quién las propuso.

Aquellos cuya relaciones conectaban grupos internos desconectados aportaban ideas consistentemente mejores. El patrón se mantenía incluso entre ejecutivos del mismo nivel: un ejecutivo con red redundante producía ideas poco originales. Otro con la misma jerarquía pero que conectaba con personal entre departamentos, generaba innovación.

«People whose networks bridge the structural holes between groups have an advantage in detecting and developing rewarding opportunities. Information arbitrage is their advantage.»

Observar y abstraer desde el tráfico de la información, vincular los puntos y crear el mapa, hacer que el flujo se reconduzca de bajo hacia alto valor. Este patrón no se limita a individuos dentro de organizaciones. Opera exactamente igual entre organizaciones. Y aquí es donde la teoría se pone más interesante.

El Orquestador

Li & Fung, con sede en Hong Kong, nunca construyó una plataforma como Alibaba. No invirtió tanto tiempo puliendo su estrategia, y sin embargo, orquesta más de $20 mil millones en comercio anual conectando a las marcas globales con 12,000 fabricantes en 40 países. Li & Fung  No posee una sola fábrica. No manufactura un solo producto. No vende nada directamente. Es un conector.

Piensa en la arquitectura de información en una cadena de suministro típica:

Nodo 1: Marca/ Diseñador en Europa

Nodo 2: Fabricante en Vietnam

Cada uno opera en su silo. El retailer contrata agentes para encontrar fabricantes. El fabricante contrata vendedores para encontrar clientes. Transacciones se ejecutan. Productos se mueven. Pero hay agujero entre ambos grupos porque ninguno ve el contexto completo del otro.

Li & Fung no solo conecta estos dos nodos. Después de orquestar decenas de miles de transacciones año tras año, posee algo que ningún participante de forma individual tiene: fragmentos masivos de datos que al conectarse revelan oportunidades invisibles para los actores aislados.

Sabe que:

Ningún nodo individual tiene acceso a la constelación completa. El retailer alemán no sabe que existe exceso de capacidad específico en Bangladesh, justo el tipo de producción que necesita. El fabricante bangladesí no sabe que hay demanda insatisfecha en Alemania para exactamente su capacidad ociosa. Ambos podrían eventualmente encontrarse, pero tomaría meses de búsqueda, negociación, y pruebas.

El conector los articula instantáneamente porque ya tiene todos los fragmentos. Crea valor para ambas partes—y captura una porción de ese valor como comisión. Pero más importante: cada nueva transacción genera más fragmentos que informan futuras conexiones.

Esto es exactamente lo que Robert Burt describió en teoría—pero Li & Fung lo convirtió en modelo de negocio de $20 mil millones. No porque construyera una plataforma tecnológica sofisticada (aunque eventualmente lo hicieron para escalar el modelo). Porque se posicionaron en agujeros estructurales entre grupos desconectados y desarrollaron la capacidad institucional para capturar, agregar, y conectar fragmentos.

Si la ventaja de información de segundo orden es tan poderosa, ¿por qué tan pocas empresas la explotan?

Las métricas de desempeño de los negocios están diseñadas para hacer eficientes las relaciones de primer orden. Los indicadores regulares de las empresas miden relaciones directas: número de clientes, retención, ingresos por cliente, número de proveedores, costo por proveedor. Optimizamos lo que medimos. Nadie mide «fragmentos de información capturados de clientes de clientes» o «conocimientos obtenidos de proveedores de proveedores» porque esas métricas no existen en ningún sistema estándar de gestión.

La cultura de silos refuerza ceguera. Ventas habla con clientes. Compras habla con proveedores. Producto habla con usuarios. Cada función reporta eficiencia en sus interacciones de primer orden. Pero nadie cuestiona que hay más allá del límite:

La información existe. Fluye en conversaciones informales, eventos, emails, llamadas. Pero se queda fragmentada porque no diseñamos un radar y centro de acopio de la data para capturarla, conectarla, y convertirla en acciones. No ponemos atención a lo que está fuera del ámbito de competencia de lo que debemos perseguir, medir y por lo que el desempeño es evaluado.

La mentalidad transaccional bloquea el descubrimiento, ya no digamos la aversión a lo no pensado aquí/ así. Vemos relaciones comerciales como transacciones bidireccionales. Yo compro, tú vendes. Yo pago, tú entregas. Cumplimos los términos contractuales y seguimos adelante. La eficiencia de la transaccional es la métrica en sí.

Pero cada transacción es también intercambio potencial de información de los contextos, algo que nunca capturamos porque no la consideramos “parte del negocio”.

Un ejemplo: Un proveedor menciona casualmente en una llamada que otro cliente (sin nombrarlo) acaba de cancelar una orden grande de cierto material. Información es, aparentemente, irrelevante.

Pero si supieras que ese material es crítico para cierto producto que está empezando a crecer en una industria adyacente, esa cancelación señala algo sobre la evolución del mercado. Si supieras que tu propio cliente está considerando entrar justo a ese segmento, podrías conectar los puntos: quizá la demanda proyectada probablemente está sobrestimada.

Los fragmentos existen. Las conversaciones ocurren. Pero los tratamos como ruido, no como señal.

El miedo a compartir información crea bloqueo. Clientes y proveedores son reacios a revelar información de segundo orden porque temen que se use contra ellos o que se filtre a competidores. Este miedo es legítimo, y genera un ciclo en el que nadie comparte, nadie conecta, nadie aprovecha el valor adicional.

Li & Fung resolvió esto demostrando que la información compartida generaba valor mutuo, no una extracción unilateral. Cuando un fabricante revela un exceso de capacidad, Li & Fung encuentra cliente que llena esa capacidad. Cuando el retailer revela un cambio en la demanda de consumidores, Li & Fung ajusta el origen del abasto para servir mejor esa demanda. La confianza se construye transacción por transacción.

De la Teoría a la Operación

Hay que revalorizar lo que sabemos que sabemos. En lugar de interacciones estrictamente transaccionales, crear espacios deliberados para el intercambio de contexto. Estas prácticas no demandan algún tipo de software sofisticado, basta con un proceso documental y una combinación de dedicación y disciplina + astucia.

Cada fragmento individualmente puede parecer trivial. Pero cuando acumulas 50 fragmentos de 20 conversaciones diferentes en un trimestre, empiezan a emerger patrones que vale la pena considerar profundizar. El sistema puede ser tan simple como un documento compartido con una estructura clara, o tan sofisticado como una base de datos con tags y búsqueda. Lo crítico no es la tecnología, es la disciplina de captura y posterior discusión interdisciplinar.

Porque alguien necesita fungir el rol de conector de fragmentos. No creo que deba quedar en un área o como un proceso. Es buscar señales débiles en información distribuida y preguntarse constantemente: ¿Qué conexiones no son obvias?

En Li & Fung sus responsables de cuentas y relaciones con clientes capturan fragmentos de ambos lados (oferta y demanda) y los transmiten al equipo que busca las conexiones.

El mayor obstáculo que las empresas pueden encontrar para formalizar este tipo de prácticas es primero, conocer su propio ecosistema de segundo orden y hacerlo desde una base de confianza y reciprocidad. La información que se comparta no podría ser empleada para presionar en condiciones comerciales, se trata o bien de generar un valor recíproco o de crear una nueva y más poderosa oportunidad de mercado a explorar -un océano azul-

Todas las empresas, no importando su tamaño, ya operan desde una densa red de relaciones. Cada una de esas relaciones tiene a su vez, sus propias redes—clientes de clientes, proveedores de proveedores. Los fragmentos de información fluyen constantemente entre todos a su vez. Conversaciones ocurren, datos emergen.

Tendencias y oportunidades pasan desapercibidas porque tratamos todo ese flujo de datos como ruido de fondo de las transacciones a las que si ponemos atención. Los sistemas de gestión se diseñaron para hacer eficiencia desde el primer orden (transacción actual al menor costo), no para la integración de oportunidades desde el segundo orden (lo que revela una conversación sobre un contexto más amplio que podría generar un nuevo algo).

«You can’t connect the dots looking forward; you can only connect them looking backwards.»; señaló Steve Jobs.

En estrategia de negocio, el principio se invierte: se deben conectar los puntos mirando hacia adelante sabiendo dónde buscar los fragmentos y como agregarlos.

Los puntos ya están ahí, distribuidos en tu ecosistema. Solo necesitas el ingenio -y la atención al detalle- para conectarlos.

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