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Los consumidores que merecemos

Las empresas invierten recursos considerables en investigación de mercado, análisis de comportamiento del consumidor y estudios de satisfacción. Contratan firmas especializadas para entender preferencias, mapear journeys de compra y identificar oportunidades de mejora en la experiencia del usuario. Y aún con todo esto, muchas organizaciones han optado por hacer la inversa de todo lo que dicta la teoría: en lugar de crear productos que los consumidores merecen, están creando consumidores que sus productos necesitan.

Apple tiene ingenieros capaces de redefinir completamente qué significa un smartphone. Motorola y fabricantes chinos ha desarrollado modelos plegables, modelos que trabajan como telescopios y no solo cámaras, con carga ultra rápida e interfaces que hacen que el iPhone parezca pasado de moda. Las señales del mercado están ahí, pidiendo transformación radical, no optimización incremental.

Se está perdiendo la imaginación de que es avanzar creando el siguiente wow!. Las marcas y empresas icónicas han migrado su identidad desde lo que las hizo legendarias – innovación, riesgo, redefinición de categorías – hacia lo que las mantiene rentables: administración eficiente de márgenes conocidos. El resultado de esta estrategia es solidificar la excelencia operativa que gradualmente ahoga su propia capacidad de transformación.

La Migración de Identidad

En 2023, Dyson lanzó un producto extraño para algunos, muy adelantado al momento para otros. Unos audífonos que también purifican el aire que respiras. Los críticos se burlaron del concepto como «solución buscando problema». Pero Dyson estaba haciendo lo que siempre había hecho: usar la tecnología para redefinir categorías de productos que nadie sabía que necesitaban transformación.

Por el contrario, empresas que alguna vez fueron disruptivas se enfocan ahora en optimizar productos existentes. Tesla, que revolucionó la industria automotriz, ahora lanza actualizaciones incrementales de software en lugar de reimaginar qué significa «movilidad personal». Netflix, que transformó entretenimiento, se dedica a ajustar algoritmos de recomendación en lugar de redefinir cómo consumimos contenido.

La diferencia no es por capacidad sino de identidad. Dyson mantiene su identidad como «empresa que usa ingeniería para resolver problemas que la gente no sabía que tenía». Tesla y Netflix migraron hacia «empresas que optimizan experiencias que la gente ya conoce».

Esta migración no es accidental. Es consecuencia de una lógica de negocio que privilegia predictibilidad sobre posibilidad.

El Costo de la Seguridad

Lo que observo consistentemente es que las organizaciones desarrollan lo que podríamos llamar «competencia incremental» – capacidad extraordinaria para mejorar productos existentes que gradualmente reemplaza capacidad para imaginar productos diferentes.

Sony en los años 80 definía categorías: Walkman no era «radio portátil mejorado», era redefinición de cómo las personas experimentaban música en movimiento. PlayStation no era «computadora de juegos más poderosa», era transformación de videojuegos desde experiencia individual hacia plataforma social.

Sony actualmente produce televisores con mejor resolución, cámaras con más megapixeles, audífonos con mejor cancelación de ruido. Productos técnicamente superiores que compiten en categorías que otros definieron. La competencia técnica sigue ahí, pero la audacia conceptual migró hacia administración de líneas de producto establecidas.

La razón es estructural: cuando tienes productos exitosos que generan márgenes predecibles, los sistemas organizacionales se optimizan para proteger esos márgenes. Departamentos enteros se dedican a análisis competitivo, optimización de características desde extensiones de línea. Cada decisión se evalúa por el impacto en rentabilidad de productos existentes, no por su potencial de crear mercados nuevos.

Se consolidan organizaciones extraordinariamente competentes administrando lo conocido, pero progresivamente incompetentes imaginando lo desconocido.

¿A que le tienen Miedo?

Clayton Christensen escribió sobre el proceso de cambio enfocándose en disrupciones externas. El fenómeno que describo es interno: organizaciones que se disrumpen a sí mismas, no por incompetencia sino por competencia mal dirigida.

Cuando BMW lanza «el mejor Serie 3 de la historia» en lugar de reimaginar qué significa «automóvil premium» en la antesala de la movilidad compartida y los vehículos semi-autónomos, está demostrando competencia técnica y un poco de ceguera de taller estratégica simultáneamente.

La empresa sabe hacer automóviles excepcionales. Está olvidado cómo definir qué podría ser un automóvil.

Esta dinámica opera en múltiples industrias. Microsoft perfeccionó Office hasta volverlo una serie de herramientas de productividad impecables, pero perdió la capacidad de imaginar que productividad podría no requerir documentos tradicionales. Google optimizó la búsqueda hasta volverla instantánea y precisa, pero se perdió transformaciones donde la información no se busca, sino que se anticipa contextualmente. Aquí entra GPT por voz

Cada iteración que perfecciona reduce opciones disponibles para la siguiente innovación fundamental.

Peter Senge escribió sobre organizaciones que aprenden, habrá que ampliar sus conceptos agregando un capítulo sobre aquellas que aprenden a no aprender.

Las que desarrollan procesos tan sofisticados para optimizar lo existente que sistemáticamente desincentivan la exploración de lo inexistente.

Un ingeniero en Apple que proponga rediseñar fundamentalmente iOS enfrentará la presión de toda una estructura celosa de optimizar para escalar mejoras incrementales. Su propuesta será evaluada por métricas de adopción de usuarios existentes, impacto en ecosistemas establecidos, riesgos por modelos de ingresos actuales. Criterios perfectamente racionales que son estratégicamente limitantes.

Mientras tanto, startups desde China, Korea o Japón experimentan con interfaces de en dispositivos que parecen ciencia ficción porque no están limitadas por la necesidad de proteger una base instalada o los márgenes de líneas de negocio vigentes.

Los talentos más creativos no necesariamente dejan la empresa. Se adaptan. Aprenden que innovación incremental es recompensada, innovación radical es penalizada. Internalizan que su rol es optimizar, no reimaginar. La organización no pierde talento, de múltiples formas lo domestican.

De Pioneros a Administradores del Margen

Mientras Sony y Microsoft compiten por gráficos más realistas y procesamiento más poderoso, Nintendo redefinió que era jugar desde el concepto de «entretenimiento pasivo» hacia «actividad física con interfases y compartida» con el Wii, y desde «experiencia fija» hacia «entretenimiento híbrido» con Switch.

Nintendo mantiene una identidad como «la empresa que usa tecnología para cambiar cómo las personas juegan». Sony y Microsoft migraron hacia «empresas que usan tecnología para mejorar cómo las personas ya juegan».

La diferencia es por una posición de valores sobre qué es y hacia donde se es congruente. Nintendo en esa época asumió que su rol era el redefinir entretenimiento. Sony y Microsoft asumieron que su rol era optimizar el entretenimiento existente.

Esta distinción explica por qué Nintendo puede lanzar hardware técnicamente inferior que sobre pasa a consolas más poderosas aplicación de la tecnología. No compite en desempeño, compite en significado.

El Costo Compuesto

La migración de identidad desde innovador hacia gestor tiene efectos exponenciales. Cada decisión de «seguridad financiera» reduce opciones disponibles para la siguiente decisión sobre innovación estratégica.

Oracle se construyó ofertando bases de datos más rápidas y confiables que sus competidores. Era la lógica adecuada cuando esa era la necesidad inmdiata de sus clientes. Pero mientras Oracle perfeccionaba SQL, el mundo migró hacia NoSQL: procesamiento en tiempo real. Oracle siguió haciendo bases de datos mejores para un mundo que progresivamente necesitaba menos bases de datos tradicionales.

La competencia incremental puede volverse incompetencia categórica cuando las categorías en sí mismas evolucionan más rápido que la capacidad organizacional de redefinir su propósito.

Roberto Verganti define que las innovaciones que transforman no vienen de mejores tecnologías sino de mejores interpretaciones de para qué pueden servir esas tecnologías.

Philips no inventó un mejor escáner médico. Reinterpretó qué debería ser la experiencia de un paciente durante el escaneo médico. Swatch no creó relojes más precisos. Redefinió relojes desde «instrumentos de cronometraje» hacia «accesorios que midan el tiempo, definiesen modas y fuesen accesibles».

Estas empresas pasaron de preguntar «¿cómo hacemos esto mejor?» hacia «¿qué podría ser esto en lugar de lo que es?»

Las organizaciones que migran identidad hacia administración de márgenes pierden progresivamente la capacidad de hacer esas preguntas fundamentales.

Los Consumidores como Espejo

Aquí llegamos a la pregunta central: ¿tenemos los consumidores que nuestros productos merecen, o los productos que nuestros consumidores merecen?

Cuando Apple lanza un nuevo iPhone con cambios incrementales y sus fanáticos lo compran masivamente, ¿es porque no quieren innovación radical, o porque Apple ha entrenado a su base de fieles a esperar optimización incremental?

Cuando Tesla automatiza funciones existentes en lugar de reimaginar movilidad personal, ¿es porque sus clientes están satisfechos con los automóviles eléctricos tradicionales, o porque Tesla ha abandonado su rol de redefinir qué puede ser un vehículo?

La relación entre empresa y consumidor es bidireccional. Las empresas crean productos basándose en lo que creen que sus consumidores están buscando se les solucione. Los consumidores desarrollan expectativas basándose en lo que las empresas les han enseñado a esperar. Cuando las empresas migran hacia optimización incremental, entrenan a valorar mejoras predecibles.

Esta dinámica crea un ciclo vicioso: empresas que compiten por optimizar experiencias que los consumidores ya conocen, consumidores que comparan productos basándose en criterios que empresas han establecido, empresas que interpretan esa comparación como validación de que optimización incremental es lo que los consumidores realmente quieren.

El resultado: industrias enteras que compiten en dimensiones cada vez más estrechas mientras ignoran oportunidades de redefinir las dimensiones por ellas mismas.

La industria de los dispositivos de comunicación celular ahora optimiza cámaras, velocidad de procesamiento, duración de batería. Pero ¿cuándo fue la última vez que redefinieron fundamentalmente para qué sirve un dispositivo de comunicación móvil? Los consumidores comparan megapixeles porque las empresas les enseñaron que los megapixeles es lo que importa.

La Competencia que tarde o temprano vendrá

La presión competitiva puede romper este círculo, pero solo cuando viene de actores que no están limitados por la necesidad de proteger identidades organizacionales establecidas.

Empresas chinas como Xiaomi, OnePlus, o BYD pueden experimentar radicalmente porque no tienen décadas de identidad organizacional que proteger. Pueden redefinir categorías porque no tienen consumidores existentes que esperan continuidad incremental.

Cuando BYD lanza vehículos eléctricos que funcionan como bancos de energía para casas, está redefiniendo la categoría de automóviles desde «transporte» hacia «nodos de energía». Tesla tenía la capacidad técnica para esa innovación años antes, pero sus sistemas organizacionales estaban optimizados para perfeccionar «mejores automóviles eléctricos», no para reimaginar qué más podría hacerse con la tecnología que ya está en los automóviles.

¿Qué tipo de empresa queremos ser, y qué tipo de consumidores merecemos?

La próxima vez que una empresa lance «la mejor versión hasta ahora» de un producto establecido, la pregunta correcta no es si es técnicamente superior, sino si representa una empresa que ha elegido administrar el presente en lugar de crear el futuro.

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