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No hay que mejorar

No hay que mejorar

Sumar mejoras no necesariamente hace algo mejor. A veces solo lo vuelve más complejo, más pesado, más difícil de sostener. Las organizaciones, sin embargo, están diseñadas para agregar: una iniciativa más, una herramienta más, una capa más. Y en ese impulso por avanzar, muchas terminan alejándose de sí mismas.

Lo que la experiencia no puede ver

Lo que la experiencia no puede ver

Protegerse se siente correcto en el corto plazo. Evitar fricciones, sostener lo que funciona, no cuestionar demasiado. Pero muchas veces, eso que mantiene a una organización estable hoy es exactamente lo que la vuelve frágil mañana.

Nada es para siempre

Nada es para siempre

Hay una suposición silenciosa en muchas organizaciones: que lo que hoy las hace fuertes seguirá funcionando mañana. Pero toda ventaja tiene algo en común: eventualmente deja de serlo. Y casi nunca avisa cuándo.

La eficiencia puede ser el enemigo

La eficiencia puede ser el enemigo

Hay tensiones que las organizaciones intentan resolver integrando. Hacer convivir lo nuevo con lo que ya funciona, bajo las mismas reglas, los mismos incentivos, los mismos tiempos. En teoría suena eficiente. En la práctica, casi siempre termina matando lo que intenta nacer.