La educación es el motor propulsor del desarrollo y hoy quizá lo es más en un mundo en el que la tecnología está transformando nuestras vidas pero también nos está haciendo más desiguales. En un mundo en el que los cambios en nuestras vidas son cada vez más rápidos y abrumadores.

En este contexto, se necesitan estudiantes preparados para enfrentar los retos que les plantea el siglo XXI. Y para que esto suceda, el poder está en los profesores de hoy.

Ellos son el factor más importante capaz de influenciar el aprendizaje de un estudiante. Son capaces de nivelar las oportunidades de un estudiante, e incluso de estimularlo y guiar su desarrollo hasta que el alumno supere sus propias expectativas, según explica un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

¿Cómo enfrentar este mundo a través de la educación? La respuesta parece apuntar de manera consistente hacia la innovación educativa.

La innovación es un término que suele remitir al uso de tecnología, pero en realidad, es mucho más complejo que esta.

“La innovación en la educación ocurre cuando los educadores preguntan: ‘¿Cómo puedo hacer que esto sea real, relevante, interesante, centrado en el alumno y personalizado?’”

““La innovación para mí es un impulso continuo para encontrar las mejores lecciones, métodos e ideas para llegar a cada estudiante en todos los niveles. Requiere la voluntad de cambiar, la capacidad de probar cosas nuevas que empujan a los estudiantes a un nivel superior”

“La innovación en educación es más que solo tecnología. Se trata de cómo puede usar la tecnología para capacitar a los estudiantes para que se conviertan en aprendices de por vida, ya que son agentes de cambio”

No hay una definición definitiva de qué es innovación educativa. Estas definiciones pertenecen a profesores de distintos lugares del mundo que han participado en el programa de educadores innovadores de Ted-Ed.

Pero, esencialmente, la innovación educativa se trata de hacer las cosas diferentes.

Y no hay innovación educativa si no hay maestros que tengan las ganas, las capacidades y los recursos para implementarla e impulsarla entre sus alumnos con el objetivo de hacerles romper sus propias expectativas.

“Los maestros no son técnicos que implementan las ideas y enfoques educativos de otros, sino más bien profesionales capaces de pensar y buscar soluciones cuando enfrentan nuevos problemas”, explica una publicación de la Institución Brookings, un centro de investigación con sede en Washington D. C.

Los alumnos de hoy requieren desarrollar habilidades propias para nuestro tiempo. Si antes los profesores remitían a sus alumnos a enciclopedias para encontrar una respuesta correcta, hoy es necesario que les enseñen a relacionar estos conceptos entre distintas disciplinas y a diseñar una solución práctica y que corresponda al mundo real. Es decir, a ser creativos, a colaborar, a comunicarse efectivamente y a pensar crítico. Estas, de acuerdo con un documento de la OECD, son las dimensiones de la educación del siglo XXI.

“El tipo de educación que se necesita hoy en día requiere que los maestros sean trabajadores del conocimiento de alto nivel que constantemente avancen en su propio conocimiento profesional y el de su profesión. Los docentes deben ser agentes de innovación, sobre todo porque la innovación es de importancia crítica para generar nuevas fuentes de crecimiento a través de eficiencia y productividad mejorada”, según apunta otro informe de la misma institución.

Por supuesto, la tecnología se convierte también en un actor importante de la innovación educativa. La irrupción de dispositivos como Ipads, teléfonos celulares, computadoras o de conceptos como la inteligencia artificial, big data o impresión 3D ofrece posibilidades infinitas.

Pero, ¿a mayor tecnología, mejora el aprendizaje? Esta es una pregunta que se hace Peter Serdyukov, un Doctor en Educación de la National University de California en el estudio titulado “Innovation in education: what works, what doesn’t, and what to do about it?”. En su investigación y al respecto asegura que muy probablemente a mayor tecnología no mejora el aprendizaje, o al menos no siempre, debido a que esto solo se logra cuando las aplicaciones tecnológicas se acompañan de una “teoría pedagógica efectiva”. Es decir, detrás de la cual está un profesor preparado y con las habilidades necesarias para diseñarla, además de una institución educativa que pueda respaldar estos esfuerzos.

“Las computadoras para las escuelas están listas, pero, ¿estamos nosotros listos?”, se pregunta. No solo profesores, sino instituciones educativas capaces de enfrentar estos cambios y de apoyar con recursos a sus profesores tanto económicos como de cualquier tipo para hacer que sus docentes privilegien la innovación como premisa a la hora de educar.

En México, hay distintos esfuerzos en cuanto a mejorar y promover la innovación educativa, entre estos, la Red de Innovación Educativa, formada por ocho universidades entre las que se encuentra la UNAM y el Tecnológico de Monterrey, la cual tiene el propósito de adecuar la educación a los retos de sus estudiantes y de crear sinergia entre estas universidades para impulsar proyectos conjuntos en este sentido.

Photo reference:
http://www.ididactic.com

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