Agencia

La inteligencia artificial está cambiando algo más profundo que la forma de ejecutar el trabajo: está poniendo en cuestión la estructura que durante décadas usamos para organizarlo. Si los agentes pueden asumir tareas de coordinación, operación y gestión, las empresas tendrán que replantear qué funciones siguen necesitando líderes, equipos y jerarquías humanas.

Víctor Moctezuma

Sep 30, 2026

Maor Shlomo construyó la startup Base44, una plataforma donde cualquier persona describe una aplicación en texto y un sistema de agentes la construye. Lo hizo solo, sin financiamiento y sin equipo de gestión. En 6 meses tenía 250,000 usuarios y utilidades por 189,000 dólares. Wix la compró por 80 millones de dólares en efectivo. Shlomo era el único accionista.

No es el único caso, muchas organizaciones que trabajan con Founders o Emprendedores llaman a aventurarse a aprovechar el momento. Mercor, fundada por jóvenes de 21 años, alcanzó una valuación de 10,000 millones en menos de 2 años con ingresos proyectados de 500 millones anuales, usando agentes de AI para conectar expertos con laboratorios de inteligencia artificial. Lo que antes requería cientos de personas para coordinar ahora lo resuelve una arquitectura de agentes que opera como estructura organizacional.

Lo que estas empresas están exponiendo no es un nuevo modelo de negocio sino una nueva forma de organizar el trabajo, de gestionarlo y de liderarlo.

La figura del CEO es una invención. Nació cuando las empresas crecieron al punto donde los dueños ya no podían operarlas y necesitaron delegar la gestión a un profesional. La teoría de agencia formalizó esa dinámica en los setenta: cómo alinear los intereses de quien gestiona con los de quien posee. El CEO, junto con el equipo Directivo son la solución; un equipo de profesionales dedicados por especialidad a coordinar y dirigir. La jerarquía es una respuesta al volumen de información y a la complejidad de las decisiones cuando se opera a escala. Solo que ahora nos encontramos con que coordinar ya no requiere capas de gestión por humanos.

Cuando un solopreneur con 12 agentes de IA genera el volumen operativo que antes demandaba 50 personas, no está compitiendo con la empresa grande. Está haciendo irrelevante la capa organizacional que justificaba un novel jerárquico de control y decisión. No necesita un director de operaciones porque los agentes ejecutan. No necesita un director de tecnología porque la infraestructura es una API. No necesita coordinar departamentos porque no hay departamentos. La complejidad es factible de navegarse por otra vía de velocidad y profundidad.

Los ejemplos no son solo de empresas que se diseñan desde estas nuevas capacidades., viene también desde dentro de las organizaciones que sí tienen esa estructura. El 28% del tiempo de un CEO se invierte en actividades que él mismo califica como delegables: un día completo de cada semana laboral. Si le sumas que el 37% del tiempo se consume en reuniones — 37 juntas semanales en promedio para CEOs de empresas grandes, casi el doble que hace 10 años — lo que queda para pensar estratégicamente es un margen que se estrecha con cada trimestre.

Este estado que emerge de lo que significa delegar y controlar ya no se trata de calcular el retorno sobre la inversión en tecnología, porque los sistemas de agentes cruzan fronteras organizacionales, procesan en paralelo y generan efectos que no se pueden aislar en un departamento o en un ciclo presupuestal. Creo que la cuestión era y será una apreciación diferente sobre lo qué estamos delegando a sistemas no humanos, bajo qué límites, y qué ganamos a cambio -además de velocidad y ahorros en costo-. La organización no evalúa herramientas sino cuánta autonomía le transfiere a un agente. Es un desplazamiento sutil, del control a la gobernanza de la delegación.

La teoría de agencia nació para resolver un problema de alineación entre humanos con criterio formado desde la experiencia. Hoy el agente de la firma ya no es necesariamente una persona. Lattice, la plataforma de gestión de talento creó registros formales de empleados digitales: agentes de AI con posición en el organigrama, métricas de desempeño, evaluaciones periódicas. Cuando los modelos híbridos se implementan — humanos y agentes coordinando decisiones — las eficiencias operativas mejoran entre 20 y 25%, y las decisiones rutinarias se aceleran un 35%. Pero la AI aún tiene falencias en lo que concierne a resolver desde ambigüedades tales como leer un contexto sin precedente, negociar una relación que no se reduce a datos, tomar una posición que contradice lo que el modelo recomienda.

Lo que estamos viendo desarrollarse es la posible automatización de partes de los roles de los equipos Directivos porque se elimina la infraestructura organizacional que separaba al líder de la operación. El fundador de Base44 tomaba decisiones estratégicas, definía producto, entendía a sus usuarios. No necesitó un board, un comité ejecutivo ni un organigrama de 7 niveles para hacerlo.

La silla de los roles de control, gestión y liderazgo no está amenazada por quien pueda sentarse en ella. Está amenazada por la posibilidad de que la sala que la justificaba se rediseñe sin necesitarla.

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