‘Unir los puntos’: 5 historias de innovación en pandemia con impacto social que van a inspirarte.

México es un país de 126 millones de habitantes en el que la pobreza es una constante.

De cinco mexicanos, dos son pobres, dos son vulnerables de serlo y sólo uno de ellos está fuera de las garras de la pobreza, según cifras del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

Pero, ¿qué pasaría si cada vez más personas tuvieran acceso a los conocimientos necesarios para salir adelante, ser autosuficientes y generar un impacto en su entorno?

iLab, una consultora en innovación que transforma ideas en soluciones con impacto positivo, nace en 2014 bajo la premisa de que todos, sin importar su edad, género o nivel socioeconómico, fueran capaces de desarrollar tecnología e implementarla y, al hacerlo, pudieran mejorar sus oportunidades de vida.

iLab es un catalizador que ha transformado la vida de cientos y que ha demostrado que una mente innovadora puede ser desarrollada por cualquiera que reciba el conocimiento necesario.

Diseñar escenarios estratégicos, aprender a resolver problemas en distintos escenarios y a tomar decisiones, desarrollar la creatividad y el pensamiento crítico, entender el poder del networking y del trabajo en equipo. El desarrollo de habilidades permite adquirir herramientas no solo para emprender de la mano de innovación, sino para transformar la manera de pensar y de actuar, en el mundo de los negocios y en la vida misma.

Para algunos de los protagonistas de estas historias, la pandemia ha sido un momento de crisis, pero justamente en los momentos difíciles estas herramientas han demostrado ser útiles, porque ahí donde hay crisis es también donde se encuentran las mejores oportunidades.

Los mismos egresados coinciden en que este ha sido un momento para “unir los puntos”, como decía el fundador de Apple, Steve Jobs, a la hora de referirse a cómo el conocimiento puede rendir frutos solo mirando hacia atrás.

Estas son cinco historias de cinco egresados de nuestro centro de innovación, que demuestran cómo esta mentalidad innovadora se instala en los que han pasado por nuestras aulas.

 

Habilidades suaves para el mundo tecnológico

 

En el mundo de la tecnología, aquellos que tienen las llamadas “habilidades suaves” son únicos en su tipo.

Son profesionales difíciles de encontrar y, por ello, son profundamente valorados por las organizaciones. 67% de los especialistas en recursos humanos ha dejado escapar un candidato técnicamente bien calificado debido a que no tenía las habilidades blandas necesarias, de acuerdo con un estudio de WestMonroe Partners.

Yesi Díaz es uno de estos “garbanzos de a libra” de su industria, la tecnológica.

 

Yesi es científica de datos en Rappi y asegura que la formación en el bootcamp de emprendimiento que tuvo en iLab fue la base de las habilidades que hoy utiliza día con día, entre ellas, la capacidad de desarrollar networking y de ver el mundo de manera más global.

 

“iLab fue un parteaguas, fue un antes y después en mi vida porque me enseñó a entender que no soy solo tecnología. Por sí sola la tecnología no te va a ayudar a ser un profesionista completo, sino que se necesitan habilidades suaves, y son esenciales. Lo que te enseñan ahí te cambia la forma de ver el mundo”, explica.

 

Otra de las cosas que el paso por iLab le cambió a Yesi fue el lente con el que ve el mundo y le ayudó a ver oportunidades donde otros ven barreras. “Tienes que ver la posibilidad de que esa barrera se convierta en un trampolín o saltarla con una soga. En donde otras personas no se quieren ensuciar las manos nosotros tenemos que ver una oportunidad de negocio”, asegura.

De esta manera, las habilidades que adquirió ya hace seis años que formó parte de la primera generación aún hacen eco en lo que vive día a día.

Hace networking, está en constante búsqueda de nuevos clientes y nuevas oportunidades de negocio. No reparte tarjetas de presentación, sino que analiza cuáles son las oportunidades de que exista una relación ganar-ganar con su interlocutor. Busca la manera de que el otro sienta una necesidad que antes no tenía: la de colaborar con ella como profesional. Algo que pocos profesionistas dedicados a la tecnología son capaces de ofrecer hoy en día: un valor agregado.

 

Intraemprender: innovación indoors

 

Para Juan Chiñas, esta frase de “unir los puntos” también viene a cuento cuando recuerda cuando recién egresó de la universidad y decidió formar parte de las filas de iLab. Para él todo aquello que aprendió ha sido la materia prima para llegar a donde está ahora, trabajando dentro de una de las principales empresas multinacionales fabricantes de tecnología alrededor del mundo.

 

“Es muy famosa la frase de unir los puntos y es una de las cosas más valiosas de haber salido de iLab, poder haber cambiado el chip y estar siempre observando oportunidades y buscando cómo innovar”, explica Chinas, hoy account manager de esta multinacional desde hace casi cinco años.

 

En su jornada laboral, Juan discute sobre innovación, análisis de datos, y otros temas relacionados con tecnología que hoy parecen estar de moda, pero que eran su día con día en esos tiempos de estudio.

Uno de los puntos que unió ya ahora, a 6 años de distancia de haber estudiado fue el de la innovación en cualquier contexto y en cualquier lugar. Juan trabaja en una empresa y dentro se convirtió en lo que se le denomina un intraemprendedor, aquel que es capaz de proponer nuevas soluciones a problemas dentro de una organización.

“Me estoy metiendo en temas de análisis de datos, de business intelligence. Es verdad lo que decían en iLab, si aprendes a analizar los datos es oro. No es parte de mis funciones principales pero ya he presentado un par de dashboards y de información y hemos tomado de ahí bastantes recomendaciones de ventas y de producto”, explica.

Incluso el haber conseguido el trabajo que hoy tiene, lo considera como parte de “unir los puntos”, porque si no hubiera aprendido todas las habilidades de las que hoy echa mano día con día, quizá no hubiera podido acceder al puesto de trabajo que tiene actualmente.

 

“iLab es como un mirador que te da una visión 360, más amplia y que te permite ver lo que eres capaz de desarrollar y lograr. Eso fue iLab, un cambio de perspectiva y una inyección de energía y de hacer algo distinto. Sí te deja la semilla”, sostiene.

 

Para él, esta etapa de su vida fue un antes y un después. Lleva casi ocho meses trabajando de manera remota y para él, la pandemia es una muestra de que es cierto que, en muchas ocasiones, solo se necesita una computadora para innovar. 

 

Bionumedics: Emprendimiento médico de alto impacto

 

 

El envenenamiento en la sangre –conocido como sepsis– es una de las veinte causas de muerte en México. Cada año, hay casi cuatro mil muertes por esta razón y a pesar de que hay muchos avances científicos hasta el momento, nada ha podido pararla. Esta se genera cuando una bacteria infecta el organismo y empieza a generar daños a todos los niveles.

Como profesional de la medicina, Elizabeth Martínez sabe la gravedad del problema. Por ello, lleva varios años trabajando en un dispositivo inteligente que es capaz de detectar esta infección a tiempo y con ello salvar vidas, además de prevenir y ahorrar a la hora de su tratamiento: Insight Alert.

El laberinto burocrático en el que todo aquel que quiere desarrollar un dispositivo médico en México se tiene que internar mantiene a Insight Alert pendiente de validaciones todavía. Sin embargo, este dispositivo ha sido la puerta de entrada para continuar sumando emprendimientos médicos de alto impacto, porque a Elizabeth si hay algo que le apasiona es emprender para mejorar la vida de las personas y generar una transformación real en el entorno.

Para Elizabeth, el camino no ha sido para nada plano. Para poder pagar sus gastos y el desarrollo de este dispositivo, producto de su paso por el bootcamp de iLab, la doctora abrió un consultorio y una farmacia con el apoyo de su familia.

Durante tres años, ese negocio creció de manera orgánica, pero con la llegada de la pandemia, vino también la oportunidad de profesionalizarlo. Gracias a su paso por el bootcamp, la doctora ya tenía las habilidades empresariales para lograrlo. Con este proyecto llamado Medicis, Elizabeth decidió concursar en la convocatoria de una organización india que tiene el compromiso de apoyar proyectos de impacto social alrededor del mundo y la ganó.

Esto permitió que Insight Alert y Medicis pudieran fusionarse en Bionumedics, una clínica que busca reducir la inversión que los pacientes hacen para curarse a través, entre otras cosas, de la capacitación de los propios familiares para realizar curaciones y el seguimiento necesario.

 

“Un paciente que tenía un absceso en el área de genitales iba a tener que pagar, si yo iba durante 10 días tres veces al día más de 40 mil pesos. Sin embargo, con la capacitación de los familiares y buscando medicamentos que le ayudaran a reducir el costo, sin sacrificar el resultado, logramos bajar hasta 80% el costo. Pagaron no más de 10 mil pesos y mejoró”, explica. Ese es el espíritu social de Bionumedics.

 

Como parte de este proyecto, una impresora 3D –recibida debido a otra convocatoria ganada por Insight Alert– fabricará prótesis que servirán para que médicos practiquen en distintos cursos de capacitación y hará que su clínica esté más completa y pueda ofrecer más servicios.

Hoy su consultorio pasó a ser Bionumedics, una clínica muy completa con área de consultorio, toma de muestras y farmacia que ofrece una amplia variedad de productos, en la que continúa con los esfuerzos de avanzar con Insight Alert y con ello contribuir a resolver uno de los problemas médicos más importantes del país.

El camino de emprendimiento de Elizabeth ha estado lleno de reconocimientos.

En 2017 fue reconocida por el Instituto Tecnológico de Massachusetts como uno de los innovadores menores de 35 en el ranking del Instituto de ese año.

 

 

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Un año antes ganó el Premio Nacional del Emprendedor; en 2018 el Mujer Colima y el Premio Santander a la Innovación Empresarial. Ya en 2019, ganó el Premio Estatal de la Juventud Colima en la categoría de innovación y emprendimiento.

A la distancia, los esfuerzos y los sacrificios han valido la pena. De cuando entró a iLab, le quedan recuerdos significativos. Para entrar al bootcamp tuvo que vender muebles y ropa para poder costear el viaje de Colima a Xalapa. Se fue con la única idea de aprender. Y lo logró. 

 

Lab-U, un laboratorio único en su tipo

 

Para Lab-U, el inicio del año fue muy movido, pero la verdadera vorágine empezó cuando el SARS-2 –después de haber empezado su transmisión mundial– llegó a México.

Lab-U es un laboratorio fuera de lo común. Ofrece la posibilidad de realizarse, a domicilio, pruebas para detectar alrededor de mil enfermedades, entre ellas, de transmisión sexual. El paciente ordena su kit de pruebas de diagnóstico, este le llega a casa y él mismo se toma la muestra. 

Pero con la llegada del nuevo virus procedente de China, llegó también para el innovador laboratorio la necesidad de adaptarse a los cambios del entorno.

 

“Ya tenemos competencia, pero nosotros fuimos de los primeros laboratorios que lograron meter la prueba en México, y no solo en México, sino que me atrevería a decir que en Latinoamérica…somos más eficientes que los otros laboratorios porque dejamos las cajitas y las recogemos y listo”, explica Eduardo Lozano, su fundador.

 

Junto con su equipo de trabajo, con la llegada de la pandemia, Eduardo se puso a trabajar en desarrollar una prueba de coronavirus que pudiera hacerse en casa y él y su equipo se convirtieron en los primeros en ofrecer esta solución.

Eduardo puede contar varias historias de éxito para Lab-U. Han enviado pruebas a poblaciones en lugares remotos en las que realizar una prueba de PCR para detectar el coronavirus es imposible y le han dado la posibilidad de acceder a servicios de salud a quienes no lo tenían.

Lab-U lleva dos años de funcionamiento y tiene sus orígenes en Liza, un dispositivo que permite la detección de enfermedades de transmisión sexual que fue ideado por Lozano y su equipo hace varios años ya, en el marco del bootcamp de iLab.

 

 

Pero en México, un dispositivo médico necesita atravesar un intrincado laberinto burocrático, y a la hora de egresar de iLab, lo que el equipo que creó a Liza se encontró es que al dispositivo le quedaban de tres a cinco años de validación.

“Nosotros necesitábamos comer. Fue así que surgió Lab-U, un laboratorio a domicilio que hace lo mismo que el dispositivo”, explica Eduardo.

Pero el origen y las bases que permitieron que este emprendimiento pudiera desarrollarse, se construyeron en el bootcamp de iLab.

“Sin todo lo que aprendimos ahí no hubiéramos podido con tan pocos recursos y personal hacer lo que hemos hecho. iLab te da las herramientas y con estas te vuelves muy multidisciplinario. Gracias a eso hemos logrado hacer tanto.

 

“A mí me cambió la vida porque me cambió la visión. Se te abre un mar de posibilidades porque con lo que aprendiste, a lo largo del tiempo, empiezas a conectar puntos”, asegura sobre su entrenamiento en este centro de innovación.

 

 

Conectar puntos. Un ejemplo que utilizó Steve Jobs en un discurso que dio frente a egresados de la Universidad de Stanford en 2005, en el que el fundador de Apple explica que el único momento en el que puedes entender las cosas, es a la distancia.

En ese entonces,  Jobs era un estudiante que devolvía las botellas de refresco para obtener los cinco centavos de depósito para comprar comida. Dejó la universidad arriesgándose a todo, y ya con más libertad, tomó las clases que realmente le interesaban, entre ellas, la de caligrafía. En ese momento no lo veía claro, pero años después, gracias al conocimiento que él tenía sobre esa disciplina, las primeras Macs pudieron tener una tipografía hermosa.

La de “conectar los puntos” es una analogía que ha sido usada una y otra vez en el mundo de los negocios y es la que se le viene a la mente a varios de los egresados de iLab para describir su experiencia en sus aulas.

Para Eduardo y para otros egresados, a varios años de distancia, eso es iLab, conocimiento que les ha permitido unir los puntos en su contexto de vida y que les ha permitido desarrollar innovación y transformar su vida y la de otros.

 

 

Chilanteca: el negocio que vio la luz ante el Coronavirus

 

Unos meses después de que empezó la pandemia, en la dark kitchen de Aarón, la Chilanteca, se cocinan chilaquiles rellenos artesanales los fines de semana.

El negocio empezó a partir de que la pandemia por coronavirus obligó a que los establecimientos cerraran y buscaran otras formas de llegar a sus consumidores. El de Aarón empezó así, en momentos de crisis en los que, paradójicamente, es cuando se presentan las mejores oportunidades.

 

 

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“La cocina funciona solo los sábados y domingos y para abrirla usé la misma base de datos que conseguí con el otro proyecto. Llevamos mes y medio y va bastante bien”, explica el empresario.

Para Aarón, este no fue el primer proyecto nacido en la pandemia.

A los pocos meses de empezar el confinamiento, el empresario vio la oportunidad de emprender en la colonia de su madre, debido a que los negocios de la zona tenían problemas para hacer llegar sus productos a los clientes.

Después de pensárselo varias veces, nació Happy Deliver, un servicio de entrega que funciona a través de WhatsApp y que no necesitó ni un peso de marketing porque el “boca a boca” entre los mismos comerciantes le hizo el trabajo.

 

Poco a poco, el emprendimiento comenzó a ser conocido en la zona y así pudo generar una base de datos lo suficientemente sólida como para darle pie a esta dark kitchen que empezó con la inversión mínima y para la cual el emprendedor tiene planes ambiciosos si esta sigue creciendo como hasta ahora.

“Si podemos replicar el modelo con éxito en otros dos puntos de la ciudad, podremos hacer una franquicia digital para brindarles todo y a un bajo costo”, asegura.

El reto de abrir la dark kitchen fue doble que el de un restaurante nacido antes de la pandemia porque nació de cero, nadie conocía su concepto y todo nació digital. Pero Aarón aprendió en iLab que justo estos momentos son los de mayor potencial.

 

“La pandemia fue la mejor oportunidad. Ha acelerado muchos procesos que a lo mejor se iban a tardar cinco años o más en México. Ahora los pequeños negocios están dispuestos a probar muchas más cosas que antes”, asegura.

 

Si un concepto pudiera definir a Aarón, sería el de emprendedor serial. Y prácticamente el punto de partida para convertirse en ello fue el bootcamp de iLab, en el que, entre muchas cosas, aprendió a reinventarse y a detectar oportunidades hasta en los contextos más difíciles.

 

“Estos espacios como iLab que permiten unir a personas que quieren resolver problemas te hacen ver un mundo más allá de lo obvio y de México, te ayudan a pensar más global. iLab fue mi punto de partida, me dio una estructura y la costumbre de estarme informando”, explica el emprendedor.

 

De manera paralela a su dark kitchen, Aarón continúa con el proyecto que inició en el bootcamp, Mediworld, una plataforma que permite concentrar toda la información de un paciente en un lugar. Además, es manager para América Latina de una empresa de tecnología que radica en Silicon Valley.

En general, la constante entre los egresados de iLab, una que los diferencia del resto, es el desarrollo de habilidades y el valor agregado que ofrecen, a las organizaciones y al mundo entero.

Y esto no es menor. En un país en el que las acciones de gobierno para atacar los problemas sociales no son suficientes, es necesario que los ciudadanos comiencen a involucrarse en cambiar su realidad y la de los que los rodean. Eso es iLab.

 

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