El cortoplacismo como el mayor riesgo de las empresas de cara a 2023

Innovar es esencial para que una empresa prospere, pero también obliga a enfrentarse a que los márgenes que se esperan, conllevan a otro tipo de riesgos y plazos, más altos y más largos.

iLab

Consultora en innovación que transforma ideas en soluciones con impacto positivo.
Dic 15, 2022

Víctor Moctezuma*

La premisa de las empresas casi siempre es hacer más con menos, y la consigna de las sesiones de planeación y la evaluación de resultados, la de cumplir objetivos y plazos que, en su gran mayoría, deben cerrarse en el año calendario.

Sin embargo, estas premisas de ahorro y recompensa por el plazo inmediato nos están orillando cada vez más a no evaluar el valor de apuestas más ambiciosas de largo plazo y, por ende, a no reconsiderar lo que entendemos por riesgo y por metas.

Hacia las últimas semanas de noviembre las compañías de tecnología, desde Google hasta Snap, empezaron un proceso de ajuste en sus estructuras que implicó ajustes de plantilla, desinversiones y cambios de estrategia. Muchas de estas acciones empujadas por resultados desfavorables respecto a proyectos que no maduraron a la velocidad proyectada; otras por el arrastre de fallidos proyectos de NFT (Non-Fungible Token, unidades digitales únicas e irremplazables que permiten monetizar activos digitales), metaversos y criptomonedas. 

¿Estamos ante una reedición de la burbuja, un hundimiento del sector tecnológico?

Para nada, este es un ajuste orientado a guardar esfuerzos para invertir y apostar en tecnologías que tienen una evolución más larga que las expectativas a corto plazo de las empresas en general, por ejemplo, hacia la biotecnología y la implementación de modelos de inteligencia predictiva y analítica, que es hacia donde está consolidándose la revolución tecnológica de nuestros tiempos. Su cruce resulta en innovaciones en campos como alimentación, salud, materiales y energía, y es ahí en dónde se encuentran nuestras necesidades más elementales.

En diversos foros y proyectos reiteramos a empresarios que todas las empresas de todas las industrias se verán afectadas por la velocidad de transformación e innovación que arrastran la biología y procesamiento de información. 

Para hacerlo, por ejemplo, Rappi podría analizar la información de los pedidos consolidados por zona geográfica y predecir el abasto de ciertas materias primas, y así considerar invertir en empresas agropecuarias.

Por su parte, Alsea podría trabajar esquemas de alimentación personalizada para trascender el antojo y la ocasión y convertirse en una apuesta de bienestar a través de las posibilidades de la inteligencia artificial en su gestión de datos.

Mercado Libre cuenta con la información de las órdenes de compra de sus clientes y de las transacciones que estos hacen desde sus sistemas de pago en materia de salud, por ejemplo, por lo que podría considerar la atención en salud primaria y virtualizable como una siguiente apuesta. Esto cobra mucha relevancia, considerando que un tercio del gasto de los hogares se invierte entre salud y bienestar, según un estudio realizado por profesores de la Universidad Autónoma de Nuevo León hace unos años.

Esta reinterpretación de los recursos y activos de las empresas las llevará, de ecosistemas en los que se integraban con actores de primer y segundo orden en sus cadenas de suministros y cobertura con clientes, a plataformas en las que la oportunidad de mercado sea explorar una necesidad en la que se combine más de una industria y se convoque a diversos actores para explotar un mercado perfectamente escalable. 

De esta manera, las compañías podrán aportar capacidades, conectar recursos e intercambiar información para resolverle un problema al cliente, el cual en sí mismo es una oportunidad de mercado.

La clave es tener la paciencia para construir ese proyecto, apostar por correr el riesgo de explorar algo fuera del confort de los márgenes conocidos y tener la tolerancia a una incertidumbre incremental con respecto a la de la actividad normal del negocio.

La velocidad del cambio lo vuelve inevitable. Nadie quedará al margen del cambio tecnológico, ya sea por iniciativa propia o por la consecuencia que obliga a no quedarse fuera de la oportunidad. Y si este es el cambio que se viene, el cual las grandes compañías están orientadas en hacer viable, ¿a qué obliga a las demás empresas?

Primero a revalorar la diferencia entre apuesta de riesgo y un cambio cosmético en la estrategia. No será válido hacer más con menos o las cosas igual pero que se sientan diferente; un cambio de empaque, una página web o un chatbot no agregarán al ingreso o resolverán la digitalización. El que busca innovar deberá aceptar que el cambio conlleva descontentos, experimentos y aprendizajes y sobre todo, saldos negativos en un proceso de ajuste antes de que este se refleje en el estado de resultados como un beneficio observable.

Segundo, a que antes que copiar o tropicalizar, las compañías tengan que desensamblar parte de lo que se tiene y juzgar si es con ello con lo que se debe conducir el cambio. Además, estas tendrán que definir cuáles son los elementos que mejor estructuran el gerenciamiento de lo que se va crear.

Esto es particularmente importante, ya que las nuevas generaciones están retando a esos modelos de gestión y operación atados a personalidades. Están empujando a que estos se adapten a una forma de trabajo que es remota, deslocalizada, híbrida, y que tiene una aspiración que, además de solvencia, busca responsabilidad social.

Muchas veces se juzga de manera negativa a la innovación por el excesivo optimismo sobre sus expectativas y por los pobres resultados que suele arrojar si no se implementa bien, pero esto es más una consecuencia de la relación entre lo que se acepta como riesgo y plazo, que un problema en sí mismo de la innovación. Es importante considerar que aún las cosas sencillas y de alto margen, exigen ser consideradas bajo análisis, y ser desarrolladas a través de la experimentación y de la inversión de recursos. 

Por todo esto, es importante pasar del asombro y la curiosidad que podría despertar la innovación, a las decisiones y las acciones a tomar en ese sentido.

La mesa está puesta para emprender una acelerada carrera para reencauzar las profesiones y servicios que se requerirán en un futuro, para elaborar un nuevo arquetipo de propiedad intelectual que contemple propiedad intelectual asistida y para prepararnos para una nueva forma de búsqueda en la web y de procesar esa información. 

Hace tres semanas que leo sobre diversas aplicaciones del sistema conversacional ChatGPT, una aplicación en la que basta introducir una breve instrucción o formular una pregunta para que el sistema argumente y elabore un texto original con calidad suficiente, y me llama la atención la manera en la que su desarrollo pone en jaque la idea de que teníamos tiempo de solvencia suficiente para el desarrollo de la creatividad y la espontaneidad de la imaginación, y de todas las profesiones que de ella dependen.

Hace seis meses pasó lo mismo con Dall.E2 que, con igual prodigio, es un programa que realiza inserción de imagen y video a partir de palabras clave y genera conceptos que potencialmente se entienden como áreas de diseñadores gráficos y publicistas. 

Este desarrollo tecnológico solo pone en evidencia que ya no basta con tener habilidades digitales en lo personal, y que las empresas deben tener la capacidad de transformarse para saber usar datos propios y de terceros con métodos de gestión ágiles y estructuras esbeltas.

La velocidad se quintuplica porque los recursos se hacen accesibles a cualquiera que tenga el ingenio de saberlos aplicar y, a su vez, crece la presión a individuos, a empresas y a industrias debido a que, hasta el momento, solo algunos jugadores clave se han constituido con el conocimiento y los recursos para saber instrumentar estos recursos. 

Las primeras víctimas de esto serán las empresas que apuesten por el cortoplacismo supeditado a rápidos resultados financieros.

La oportunidad es reinterpretar los recursos y crear los espacios para activar con paciencia, conocimiento, alianzas y, sobre todo, propósito.

Alienar antes que innovar y reducir y simplificar desde una nueva interpretación del verdadero problema que tienen los clientes o el mercado, no será suficiente de cara a lo que la tecnología y la innovación están presentando. 

La apuesta es por una estrategia enfocada en innovar y transformar los vicios ocultos de los procesos y rutinas que, si bien han permitido consolidar éxito hasta el momento, no asegurarán la creación de valor en el mediano plazo. 

Innovar obliga a enfrentarse a que los márgenes que se esperan, conllevan a otro tipo de riesgos y plazos, más altos y más largos.

 

*Víctor Moctezuma es empresario y emprendedor social y fundador de iLab, cuyo trabajo es lograr que las empresas, universidades, gobiernos y personas, logren reinventarse haciendo que sus ideas sean rentables, sustentables y escalables. 

Con más de 20 años de experiencia profesional y graduado de diversos programas de innovación y Emprendimeinto en MIT ha sido directivo en compañías multinacionales y reconocido como fellow por Ashoka Innovación Social.

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