Quizá la polémica más significativa de las últimas décadas relacionada al mundo del trabajo sea la posibilidad de que los robots nos borren del futuro del trabajo al destruir masivamente nuestros puestos laborales.

Por fortuna, la realidad es mucho menos catastrófica. Los robots no nos reemplazarán en un futuro, aunque sí hay motivos para preocuparse en cuanto lo que deparan la irrupción de la automatización y la inteligencia artificial (IA), tales como la desigualdad en la que sumirá a los trabajadores menos calificados.

Asistentes de oficina, trabajadores de línea de montaje. Los trabajadores de calificación media y que realizan tareas de rutina serán desplazados por la tecnología. Por su parte, aquellos que saldrán más beneficiados de esta serán aquellos que estén mejor calificados. El avance tecnológico ayudará a complementar el trabajo de científicos, ingenieros, financieros y profesionales de la medicina, por mencionar solo algunas profesiones.

Esta es la conclusión a la que llegó un nuevo informe elaborado por el Massachusetts Institute of Techology, titulado “The Work of the Future: Shaping Technology and Institutions”, el cual sostiene que la tecnología ha contribuido a la “polarización” del trabajo; a que mientras esta ayudará de manera desproporcionada a aquellos profesionales altamente calificados, reducirá las oportunidades para todos aquellos que no lo están tanto.

El reporte del MIT pone acento en la necesidad de creación de mejores políticas públicas que permitan una mejor preparación para aquellos que se están quedando fuera.

“Las tecnologías encarnan los valores de quienes las fabrican, y las políticas que desarrollamos en torno a ellas pueden moldear profundamente su impacto. Si el resultado es inclusivo o exclusivo, justo o laissez-faire, depende de todos nosotros”, sostiene Rafael Reif, presidente del MIT, en un comunicado al respecto.

¿Los trabajadores tienen de qué preocuparse?

“Si las próximas cuatro décadas de automatización van a parecerse a las últimas cuatro décadas, las personas tienen motivos para preocuparse”, señala David Autor, profesor de economía del MIT y copresidente del grupo de trabajo que realizó el estudio. Y es que las personas son pesimistas con relación a cómo pinta el mundo del trabajo para ellos.

En México no se tiene una medición respecto a lo que piensan los trabajadores, pero un termómetro puede ser Estados Unidos.

De acuerdo con varias encuestas realizadas por el Pew Research Center, la automatización está en la mente de los trabajadores. Alrededor de ocho de cada 10 adultos cree que para 2050 los robots y las computadoras definitivamente o probablemente harán gran parte del trabajo que actualmente hacen los humanos.

En general, la reacción no es positiva. Alrededor de tres cuartas partes asegura que la desigualdad entre ricos y pobres aumentará si los robots hacen la mayoría de los trabajos que actualmente hacen los humanos y solo 33% está confiado en que es probable que esta automatización crearía muchos trabajos nuevos y remunerados.

Y los trabajadores no están tan perdidos con estas percepciones. Un estudio de Mckinsey coincide con las conclusiones del MIT en cuanto a la automatización como un factor polarizador en el trabajo.

Aquellos individuos con solo un grado de secundaria o menos, son cuatro veces más propensos a desempeñar un papel altamente automatizable que aquellos con licenciatura o un grado superior, y hasta 14 veces más vulnerables que alguien con un título de posgrado.

Esto de manera indirecta pone en riesgo a las minorías que tienen un menor nivel educativo, como los hispanos y los afroamericanos. Además de que la automatización también afectará a los polos en el rango de edades, tanto a los más jóvenes como a los más viejos. Mientras que los jóvenes necesitarán desarrollar nuevas habilidades, al menos 11.5 millones de los más viejos están en riesgo de verse desplazados por los robots.

Aunque es una realidad que también es un generador de empleos. Este análisis vaticina que mientras algunos trabajos se eliminan de forma gradual, se agregan otros que contabilizan números suficientes para producir un crecimiento positivo neto en el empleo de esa nación para 2030.

El panorama en México

La automatización funciona de manera similar en todos los lugares, sin excepción de México. Aumenta las probabilidades de que los empleos poco especializados desaparezcan y que aquellos que están menos preparados sufran la cara más negativa de la tecnología.

En este sentido, en nuestro país la tecnología se dibuja como una amenaza para aquellos empleados poco especializados. De acuerdo con un estudio del Banco de México, 68.5% de la población ocupada en el país se emplea en ocupaciones con una alta probabilidad de automatización. Aquellos que se dedican a la agricultura, servicios de alojamiento y preparación de alimentos, construcción, industria manufacturera y a los servicios financieros son los que tienen un mayor riesgo de ser reemplazados por robots o por inteligencia artificial.

Los hallazgos son consistentes con los demás estudios realizados en la materia. Entre mayor calificados estén los trabajadores, estarán mejor posicionados para evitar los riesgos de sus empleos y podrán beneficiarse en mayor medida de los procesos derivados de la tecnología, tales como la automatización o la inteligencia artificial.

La intensidad de la amenaza que representa la automatización dependerá de la región del país. Mientras que en el norte y en las regiones centrales la población tiende a ocuparse en profesiones con menor probabilidad de automatización, en el sur sucede lo contrario.

En este tema, la situación de México es similar a la de otros países en desarrollo, en los cuales también la población se emplea en ocupaciones con alto grado de automatizarse, sin embargo, señala Banxico, hay una “transición favorable” de la fuerza laboral hacia ocupaciones con menor riesgo de automatización, sobre todo en el norte del país.

¿Qué se necesita para cambiar el panorama? Lo mismo que clamaba el MIT: Políticas públicas para educar mejor a las personas y evitar en la mayor medida que sufran los estragos de la tecnología.

“Es fundamental que la política educativa impulse la formación de habilidades cognitivas (sociales y creativas) para facilitar una inserción exitosa de los trabajadores a las empresas, sobre todo en las regiones más rezagadas del país en cuanto al nivel de capital humano de su población”, sostiene el banco central.

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