El “nuevo futuro del trabajo” no solo es trabajar desde casa

Hace algunos días Jack Dorsey, CEO de Twitter, envió un correo electrónico a sus empleados, informándoles que les permitiría trabajar desde casa de forma permanente, incluso después de terminada la cuarentena. Un par de días después, Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, hizo un anuncio similar en una transmisión en vivo.

Sin embargo, la experiencia de trabajar en una oficina no desaparecerá por completo. Las oficinas seguirán existiendo, pero el diseño de los espacios de trabajo cambiará. En muchos casos, las oficinas abiertas serán divididas por cubículos y los colaboradores acudirán a trabajar en horarios escalonados para evitar las aglomeraciones.

Después de la pandemia seguiremos teniendo más videollamadas y menos reuniones en persona, pues esta crisis nos ha mostrado que no es necesario cruzar la ciudad (ni el planeta) para tener una junta de una hora.

A esta altura de la cuarentena, mientras escribo estas líneas, cada vez más personas descubren que trabajar desde casa tiene, como todo, aspectos positivos y negativos.

Esta nueva modalidad hará más fácil el acceso al trabajo de algunas personas que antes se veían expulsadas del sistema (como las personas con alguna discapacidad, así como las que se encargan de los cuidados en el hogar).

Millones de empresas descubrirán, además, que no necesitan que sus colaboradores asistan todos los días a la oficina. A mediano y largo plazo, estas compañías se darán cuenta de que las actividades que pueden llevarse a cabo de forma remota pueden, de hecho, ser realizadas por trabajadores altamente calificados en países de bajo costo. Como consecuencia, los trabajos se trasladarán, primero, de presencial a doméstico remoto; y con el tiempo pasarán de doméstico remoto a remoto en el extranjero.

Al mismo tiempo, los colaboradores encontrarán que pueden trabajar desde su casa para empresas de todo el mundo. Esta posibilidad abrirá los horizontes laborales de millones de personas.

Si hay alguien que desde antes de la pandemia tuvo claros los beneficios del trabajo distribuido es Matt Mullenweg, quien creó WordPress a los 19 años. Hoy, esta firma tecnológica está valuada en más de mil millones de dólares, pero nunca verás el logotipo de WordPress en la cima de un edificio de oficinas.
La razón es muy simple: Automattic, la empresa matriz de WordPress, no tiene una sede física. Sus más de 850 empleados se encuentran dispersos en 70 países.

Cuando Matt creó WordPress sabía que era posible ser más productivo, saludable y feliz trabajando desde casa. Y tras varios años de práctica y reflexión, concluyó que las organizaciones distribuidas (es decir, aquellas en las que cada colaborador trabaja desde una ubicación diferente) pueden tener cinco etapas de desarrollo:

 

1. Nivel básico

Antes de la crisis del COVID-19, el 90% de las organizaciones del mundo se hallaban en esta etapa. El nivel básico se caracteriza por ser una etapa en la que, si ocurre una emergencia que te impide ir a la oficina, puedes hacer unas cuantas cosas desde tu celular, pero gran parte de tu trabajo se detiene.

 

2. Teletrabajo

En dicha etapa se intenta recrear el trabajo de oficina desde la casa, lo que incluye los horarios y la forma de supervisar el trabajo. Las organizaciones que están en este nivel tienen algunas herramientas para que la gente trabaje desde su hogar y casi toda la actividad es sincrónica, es decir, se espera que la comunicación suceda casi en tiempo real.

 

3. Trabajo virtual aumentado

La colaboración y la capacidad de escribir con claridad son las habilidades más importantes en este nivel. ¿Por qué? Porque la organización incorpora mejores prácticas como, por ejemplo, que durante las videollamadas todos los participantes tengan abierto un documento colaborativo y alguien tome notas de los acuerdos. De esa forma, todos pueden ver en tiempo real cómo se crea la minuta de la reunión, y todos saben que pueden aportar: la responsabilidad de crear el documento es compartida.

En este nivel se vuelve común que los participantes compartan sus pantallas durante las videollamadas y por tanto que se invierta en mejor equipo; por ejemplo, en auriculares de alta calidad.
Esta etapa se caracteriza por trabajo asíncrono: no se espera que la comunicación suceda en tiempo real. Esto permite crear más espacio para el pensamiento crítico y beneficia el desempeño de los introvertidos y los hablantes de otros idiomas.

Cada uno es responsable de sus horarios y los colaboradores son evaluados por el trabajo que producen, no por cómo lo producen.

 

4. Nirvana

En esta etapa cada persona de la organización está empoderada y puede diseñar su jornada laboral para optimizar su salud, su desempeño laboral y su equilibrio vida-trabajo.

Digamos, por ejemplo, que es posible trabajar 2 horas y luego ejercitarse 20 minutos. O bien, levantarse a las 5:00 am a trabajar, luego pasar tiempo con los hijos y volver a trabajar cuando estos se han ido a dormir.

Quizá a estas alturas sueñas con alcanzar el nirvana laboral, o quizá ya te diste cuenta de que se trata de un estado idealizado y, por tanto, hasta cierto punto irreal. La realidad es que esta nueva era de trabajo remoto también tendrá impactos negativos: quienes tengan menos competencias digitales (adultos mayores y personas que tuvieron menos acceso a la educación) tendrán, por ende, menos recursos para adaptarse a la era virtual y nuevamente serán marginados.

Creo, de manera adicional, que es necesario poner sobre la mesa el tema del derecho a la desconexión. Si la barrera entre el trabajo y el hogar ha desaparecido, hay que replantear las reglas en torno a prácticas como la de recibir mails fuera del horario de trabajo, algo que ya se ha implementado en algunas partes de Europa.

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