Todos conocemos alguna anécdota de la historia de los grandes inventores donde vemos que llegaron a la realización de un invento como resultado de un proceso de innovación, pues nadie llega a una patente sólo por un chispazo momentáneo de inspiración efímera, sino como consecuencia de una cadena de esfuerzos propios o ajenos, por eso decimos que como todo inventor, además de tus patentes, tus propios procesos de innovación pueden ser el legado para inspirar a otras generaciones.

Muy pocas veces tenemos la oportunidad de hacer un reconocimiento a todos los hombres y mujeres que no alcanzaron la gloria de concretar y registrar algún invento, pero que con sus investigaciones o avances sentaron las bases para que otros científicos generaran algún invento con el que finalmente transformaron al mundo.

Echemos un vistazo a la historia de tres mujeres que con sus hallazgos primigenios o prototipos desarrollados formaron la piedra angular de grandes inventos.

 

Hedy Lamarr fundó las bases del Bluetooth y WiFi (1914-2000)

Aunque fue mejor conocida por ser actriz de Hollywood, Lamarr siempre contó con un interés innato por la ciencia y la tecnología, y a pesar de que no tenía formación científica logró crear un sistema de guía por radio para uso militar en la Segunda Guerra Mundial, utilizando las frecuencias y el espectro radiofónico para conocer sobre eventuales ataques, aplicando la codificación para evitar robos de información. Esto sentó las bases para las llamadas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) como el Bluetooth y él WiFi.

 

Ada Lovelace, precursora de la informática en el siglo XIX

Pocos pensarían que esta mujer, siendo Condesa de Lovelace y única hija del poeta Lord Byron fuera una excepcional matemática, que lograra describir por primera vez en la historia un lenguaje de programación de carácter general, y menos que esto lo hizo en el lejano 1843.

Estos logros geniales significaron para la época inventos ininteligibles, pero resultaron ser las bases de la informática que se desarrolló 100 años después.

En 1979, el Departamento de Defensa de EE UU creó un lenguaje de programación que llamó “ADA” en su honor.

 

Ángela Ruíz Robles, pionera del libro electrónico

Como buena maestra enamorada de su profesión, Ángela se obsesionó por desarrollar métodos que hicieran el aprendizaje más ágil y dinámico. Eso la llevó a crear un libro electromecánico que patentó en 1949, con el cual se podía descubrir distintos textos pulsando en diferentes lugares de los párrafos, eso que llamamos hipertexto.

Entendiendo esto como un proceso de innovación, se permitió perfeccionar su invento hasta llegar a la Enciclopedia Mecánica que patentó en 1962 y que cimentó el camino para lo que hoy conocemos como libros electrónicos.

Con estos ejemplos puedes notar que la innovación siempre es un proceso, donde puedes elegir desarrollar los primeros pasos y sentar bases para el futuro o tratar de llegar a su fase final, ya sea para perfeccionarlo o para darle un giro de 180 grados y llegar a otro gran invento.

Si te interesa aprender más sobre procesos de innovación y llegar hasta el prototipo de tus propios inventos, debes conocer a fondo nuestro programa Think Camp, desarrollado en conjunto con el MIT. Contáctanos y pide que te amplíen la información.

Photo by Med Badr Chemmaoui on Unsplash

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