Lo que comamos para 2050 dependerá del camino que la producción y el consumo de alimentos tome a partir de ahora. Lo que sí es que si no cambiamos la forma de hacerlo hoy, una crisis se avecinará para 2050, una fecha que marca un crecimiento de la población que se contabiliza en tres mil millones más de bocas que alimentar, adicionales a las siete mil personas que habitamos ya la Tierra.

De acuerdo con un estudio de The Lancet, una dieta en cierta parte similar a la mediterránea pero muy baja en carne roja –el equivalente a una hamburguesa a la semana–, dos porciones de pescado por semana y muy abundante en granos, legumbres, frutas y verduras y con una fuerte reducción en azúcares, será posible solo si cambiamos la manera en la que producimos los alimentos.

Son buenas noticias hasta ahora. Pero hay que saber que para comer de forma similar para 2050, tendría que existir una reducción en 50% del desperdicio de alimentos y el alto a la expansión de tierras cultivables, según este mismo estudio.

En este sentido, la tecnología será un aliado poderoso.

Carne hecha de plantas; frutas y verduras que retrasen su maduración gracias a un compuesto natural; vacas que no eructen y no generen el tercio de todas las emisiones de gases efecto invernadero que hoy emiten en la producción agrícola gracias a un componente inocuo para el ambiente.

Fertilizantes y estiércol libres de nitrógeno y en consecuencia, de la emisión de gases efecto invernadero; arroz bajo en metano; alimentos para peces a base de algas; fertilizantes basados en energía solar.

Todas son tecnologías que hoy se están desarrollando alrededor del mundo y que permitirían caminar hacia la producción de comida sustentable, según apunta un texto del World Resources Institute.

Y es que el diagnóstico actual no permite una vuelta atrás. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), un tercio de todos los alimentos a nivel mundial se pierden o se desperdician, mientras que el hambre aumenta y hoy casi mil millones de personas tienen el estómago vacío.

Adicional, está el calentamiento global, generado principalmente por la producción de gases de efecto invernadero –y sus consecuencias como sequías, huracanes, pobreza y hambre– y la deforestación que aqueja prácticamente a todo el planeta y que amenaza no solo a comunidades y pueblos indígenas sino a la biodiversidad del planeta.

Un cambio de rumbo es “vital”, ya que seguir con el escenario actual ya no es una opción. De ser así, el futuro se caracterizará por una “inseguridad alimentaria persistente” y un crecimiento económico insostenible, diagnostica la FAO en un informe. La gente que tiene hambre va a seguir aumentando y los países seguirán empobreciéndose.

¿Cómo alimentar a casi 10 mil millones de personas sin seguir desperdiciando tanta comida como lo hacemos, sin seguir deforestando más y más tierra y sin aumentar aún más la emisión de gases de efecto invernadero?

A las tecnologías, se suman otros esfuerzos. No solo dejar de desperdiciar comida como se hace hasta ahora, sino aumentar la producción de comida sin expandir las tierras cultivables, es decir, hacer más con menos. Además, será necesario proteger los ecosistemas naturales, aumentar el suministro de pescado y reducir las emisiones de gases efecto invernadero en la producción agrícola. Es decir, moverse hacia un futuro sustentable en materia alimentaria, concluye un estudio del World Resources Institute.



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