Qué es capital de riesgo y por qué en tiempos de crisis no se está invirtiendo en donde lo necesitamos

El capital de riesgo es esencial para que el ecosistema emprendedor crezca. Sin embargo, falta en donde más se necesita.

 

Muy pocas empresas son las que logran crecer con fondos propios. Primero son los amigos, la familia y algún otro (family, friends and fools, en inglés) a los que los emprendedores recurren para hacerse de capital. Luego viene la necesidad de obtener más recursos y el siguiente peldaño a escalar es el del capital de riesgo.

Pero, ¿qué es el capital de riesgo?

Es aquel capital que obtiene una empresa en sus inicios, cuando aún no puede garantizarle a sus inversionistas –sean estos conocidos o no– que su empresa va a prosperar. Precisamente por eso se le denomina “de riesgo”.

Según una definición del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), este es:

 

“La aportación temporal de recursos de terceros al patrimonio de una empresa con el fin de optimizar sus oportunidades de negocio e incrementar su valor, aportando con ello soluciones a los proyectos de negocio, compartiendo el riesgo y los rendimientos donde el inversionista capitalista busca una asociación estrecha y de mediano plazo con los accionistas originales”.

 

A pesar de que las empresas son de reciente creación y no tienen cómo demostrar que son confiables, o que aquellos que inviertan en ellas van a recibir retornos de inversión, los inversionistas deciden confiar y poner sus recursos ahí.

 

Cómo funciona una inversión de capital de riesgo

 

Este tipo de inversiones se suele hacer a través de fondos de inversión de capital de riesgo.

Es decir, que varios inversionistas se juntan para disminuir el riesgo y permitirle a este tipo de organizaciones acceder a una cartera de fondos que utilizarán para crecer.

Las empresas que acceden a este tipo de fondos suelen ser proyectos innovadores que parecen prometedores y que están en etapas tempranas de desarrollo.

El objetivo es que las empresas puedan trabajar en nuevos desarrollos o, en general, en aumentar su valor, para que en un futuro cuando sea posible ver los frutos de esa inversión aquellos que invirtieron puedan recuperar su dinero con un beneficio a cambio.

 

“El inversionista de riesgo busca tomar participación en empresas que pertenezcan a sectores dinámicos de la economía, de los que se espera que tengan un crecimiento superior a la media. Una vez que el valor de la empresa se ha incrementado lo suficiente, los fondos de riesgo se retiran del negocio consolidando su rentabilidad”, explica la Red Mexicana de Inversiones en un texto al respecto.

 

Capital de riesgo y los problemas pendientes por resolver

 

El capital de riesgo tradicionalmente se ha enfocado en invertir en empresas de tecnología. 

Son empresas que suelen dar muchos rendimientos pero que no necesariamente resuelven los problemas fundamentales que sufren las sociedades.

Una investigación de la revista de tecnología del MIT hace unos meses puso acento en por qué el capital de riesgo no estaba construyendo las cosas que realmente necesitamos en la sociedad y explicó cómo la pandemia ha expuesto varias de las fallas más grandes del modelo. Un modelo en el que la inversión se va a empresas de software que crecen de manera rápida y que generan dinero para un “número cada vez menor” de personas.

Por ejemplo, Google, Facebook, Uber, Airbnb, todas empresas que han nacido, crecido y se han desarrollado al amparo de escandalosas inversiones pero que, en la realidad, generan cada vez menos empleos para la gente común, cuestiona Elizabeth MacBride, la periodista encargada de la investigación.

En México, aunque se viva otro contexto, de alguna manera, se ha buscado replicar el modelo.

Un ejemplo es Jalisco. Desde hace varios años, el estado ha sido señalado como el mayor cluster tecnológico de México y ha sido alabado por su desarrollo.

Según cifras de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap) citadas por el periódico El Norte, en 2019, la inversión de venture capital creció en 14%, más que el crecimiento que tuvo en la ciudad de México o Monterrey.

En total, las startups jaliscienses lograron atraer inversiones por 70 millones de dólares el año pasado. Esto representó 5.7% de las transacciones a nivel nacional de venture capital.

 

Capital de riesgo en México

 

A pesar de la irrupción de la pandemia mundial, el capital de riesgo no se ha detenido en México.

De acuerdo con cifras de la plataforma tecnológica Transactional Track Record citadas por El Economista, en el segundo trimestre del 2020, se invirtieron 42.6 millones de dólares en capital de riesgo.

El mayor trato del trimestre corrió a cargo de ePesos, una fintech que ofrece anticipos inmediatos del salario de los trabajadores a través de una app, la cual accedió a 21 millones de dólares por parte de la plataforma de inversión Accial Capital. El resto de la inversión estuvo concentrada en otras cuatro startups, dos fintech y las otras dos dedicadas a la logística.

La llegada de la pandemia hace unos meses tampoco detuvo al capital semilla. Durante el primer trimestre, este creció 11%.

Del total de 19 transacciones con un valor de 187 millones de dólares, la inversión de SoftBank en la fintech mexicana Alphacredit, de 125 millones, representó el 66% del total. 

Los sectores que contabilizaron la totalidad de operaciones fueron el financiero, el de seguros y el de internet, a pesar de la pandemia y de la necesidad de desarrollo de tecnología y de búsqueda de soluciones.  

De esta manera, el capital de riesgo se ha concentrado en empresas fintech durante estos meses y en épocas pasadas.

Pero, ¿por qué el capital de riesgo no invierte en aquellas cosas que realmente necesita la sociedad?

 

El capital de riesgo y el Estado

La realidad es que invertir capital de riesgo en empresas de reciente creación es, como lo dice su nombre, muy arriesgado. Por más que sean propuestas innovadoras, las empresas no pueden asegurar que van a sobrevivir en el tiempo. Mucho menos que van a poder regresar a los inversionistas los recursos que invirtieron y aún menos las ganancias que podrían esperar.

Por ello, los inversionistas ángeles deciden invertir en proyectos que aseguren lo más posible el retorno de inversión, como aquellos dedicados a la tecnología financiera.

En general, invertir en empresas es de alto riesgo, pero invertir en aquellas que resuelvan problemas sociales es aún más riesgoso.  Es por ello que los inversionistas se concentran en proyectos rentables y no en aquellos que podrían reportar un beneficio real a la sociedad. 

Una de las explicaciones que da Enrique Díaz-Infante, director especialista en sector financiero y seguridad social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias a esta falta de inversión, es que el Estado tendría que asumir el riesgo de inicio y que, una vez que los emprendimientos han encontrado cierto tamaño, entonces puedan ser retomados por los bancos privados de deuda o los fondos de inversión en capital de riesgo. 

Un ejemplo de este caso es el de Israel, en donde el Estado fue el que fundó, a principios de los noventa, un programa de incubación del cual surgieron 25 incubadoras a lo largo del país, las cuales, con el pasar del tiempo, ya se privatizaron, según explica un texto de Deloitte. 

En el caso de Silicon Valley, fue la agencia estadounidense DARPA la que desarrolló tecnología e investigación –como Internet– que en un futuro, permitió el surgimiento de la Meca del emprendimiento en Estados Unidos, según explica la economista María Mazzucato. 

En los ecosistemas de emprendimiento, el Estado tiene un papel pero también otro peso importante recae en los inversionistas, ya sea ángeles o instituciones financieras o fondos que permitan que el ecosistema emprendedor crezca y que los emprendedores se enfoquen en resolver los problemas sociales.

En México se necesita invertir en proyectos que puedan cambiar el futuro del país, que puedan resolver problemas pendientes y que generen un impacto en la sociedad.

 

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