“Unicornio salvaje”, la miniserie de Netflix que plantea preguntas incómodas detrás del éxito empresarial 

Hay historias de éxito que se sienten inspiradoras, otras que pueden resultar controvertidas, y algunas logran ser ambas cosas al mismo tiempo. Ese parece ser el caso de “Unicornio salvaje”, la miniserie tailandesa de Netflix inspirada libremente en el ascenso de Flash Express, la primera startup unicornio –es decir, que alcanza la valuación de mil […]

Mariana F. Maldonado

Periodista especializada en innovación.
Jul 7, 2026

Hay historias de éxito que se sienten inspiradoras, otras que pueden resultar controvertidas, y algunas logran ser ambas cosas al mismo tiempo.

Ese parece ser el caso de “Unicornio salvaje”, la miniserie tailandesa de Netflix inspirada libremente en el ascenso de Flash Express, la primera startup unicornio –es decir, que alcanza la valuación de mil millones de dólares– de Tailandia.

En siete episodios, la serie sigue a Santi, un joven que crece en condiciones económicas difíciles y que encuentra en el emprendimiento una salida, pero también una obsesión.

En apariencia, la premisa no es nueva: alguien empieza desde abajo, detecta una oportunidad, desafía a jugadores más grandes y termina construyendo una empresa valuada en miles de millones.

Pero “Unicornio salvaje” no parece interesada únicamente en contar una historia de crecimiento, sino que también plantea interrogantes interesantes como la de qué pasa cuando el deseo de salir adelante conlleva decisiones cuestionables que en el corto plazo pueden hacerle daño a aquellos que confiaron en ti.

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Una de las decisiones más interesantes de la serie –la cual si bien tomó como inspiración la historia de Komsan Saelee, el empresario detrás de Flash Express en la vida real, se tomó numerosas libertades creativas– aparece desde el inicio. Antes de mostrar el origen de la empresa o explicar el modelo de negocio, vemos a Santi recorriendo Bangkok en motocicleta con una chamarra de repartidor y un casco que dice “CEO”. Mientras avanza entre el tráfico, explica por qué entró al negocio de la logística.

En una serie de negocios, uno podría imaginar que el empresario contestaría que por innovar, por resolver una necesidad del mercado o por construir algo propio. Pero Santi nos sorprende al contestar que lo hizo por “venganza”.

La escena marca el tono de todo lo que viene después, porque la suya no es solo una historia de emprendimiento sino también una sobre orgullo, reconocimiento, el deseo de demostrar algo y sus ganas de vengarse de Kanin, un empresario con quien primero encuentra una oportunidad y después rompe relación al sentirse desplazado y despojado de su idea.

Pero, ¿hasta qué punto una historia de superación sigue siendo inspiradora cuando parte de una premisa tan controvertida?

Hay otra escena que es pequeña pero es muy reveladora porque demuestra cómo todas las historias de emprendimiento pueden tener storytelling a partir de una experiencia de la vida real. Aquí, Santi intenta enviar unas galletas a su madre y descubre que el costo del envío le vuelve imposible un gesto que aunque sencillo es profundamente noble. Ahí aparece la oportunidad de negocio: hacer accesible algo que para muchas personas sigue siendo inaccesible.

Ese momento es importante porque conecta con una idea que suele repetirse dentro del mundo de la innovación: muchas de las soluciones más relevantes nacen de una experiencia personal, de una incomodidad concreta, de haber vivido un problema en primera persona.

Pero conforme avanza la historia, el centro empieza a moverse. La empresa crece, aparecen rivales, traiciones, presión por sobrevivir y decisiones cada vez más difíciles de justificar, como cuando Santi entra en una guerra de precios para debilitar a su competidor y termina tomando medidas que afectan a quienes trabajan con él, incluyendo recortes y condiciones que generan tensiones dentro de la empresa.

De ahí surgen varias preguntas: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar para lograr nuestra meta? ¿La ambición tiene límites? ¿La lucha por el éxito valida tomar decisiones controvertidas que lleven a dejar personas atrás?

La conversación alrededor de “Unicornio salvaje” plantea la posibilidad de observar una misma historia desde varios ángulos, algunos incluso opuestos.

Hay quien ve en Santi una representación incómodamente realista del emprendimiento: alguien que no tuvo privilegios, que tuvo que competir con reglas injustas y que entendió que entrar al juego implicaba aprender primero a sobrevivir dentro de él. Pero también hay quien ve una narrativa que corre el riesgo de romantizar el sacrificio extremo, el desgaste y la idea de que el resultado final termina justificando cualquier método.

Y tal vez ninguna lectura esté completamente equivocada.

Porque más allá del mundo de las startups, la serie toca algo reconocible para cualquiera que haya intentado construir algo propio, y es ese momento en el que una meta deja de ser algo que se persigue y empieza a ser algo que se defiende, porque cuando llegamos a nuestra meta, ¿todavía reconocemos por qué empezamos?

No es casualidad que la palabra “unicornio” se haya vuelto tan poderosa dentro del ecosistema emprendedor, porque representa un crecimiento acelerado, impacto y éxito extraordinario que puede parecer salido de un cuento de hadas, aunque detrás de ese relato muchas veces también existan renuncias, desgaste y decisiones difíciles de mostrar en el resultado final.

Las preguntas que nos plantea “Unicornio salvaje” son muchas, y tienen que ver con las historias que consumimos sobre el éxito y con aquello que estamos dispuestos a admirar cuando alguien finalmente llega a la cima.

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