Las legumbres y la proteína vegetal podrían cambiar cómo comeremos en el futuro

Si hay un alimento que seguramente estará en los platos del futuro son las legumbres.

Debido a sus muchas propiedades nutricionales, abundancia y el bajo impacto ambiental que supone su producción, en las proteínas vegetales –entre las que se encuentran las legumbres– está puesta una gran parte de la esperanza de lograr un futuro sostenible y sin hambre.

Los seres humanos necesitamos proteína para subsistir.  Seguir consumiendo los enormes recursos que se gastan para obtener proteína animal resultará sostenible en el futuro. Por ello, el futuro nos plantea el enorme reto de buscar otras fuentes más sustentables.

La carne in vitro todavía no es comercializable a gran escala y la proteína vegetal desarrollada con similitud a la animal todavía no es una realidad sostenible. Sin embargo, las legumbres han sido una parte esencial de la dieta humana desde hace siglos. “No son solamente semillas nutritivas: contribuyen a sistemas alimentarios sostenibles y a un mundo #HambreCero”, sostiene al respecto en un documento la ONU.

En este sentido, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 10 de febrero como el Día Mundial de las Legumbres. El objetivo es concientizar a nivel global sobre la importancia y beneficios del consumo de estas semillas para promover su consumo.

Las legumbres y su potencial de alimentar a tres mil millones de personas más

Hoy, la proteína animal es la principal fuente de proteína para el ser humano. Sin embargo, en un futuro esto tendrá que cambiar.

Nos enfrentamos a un enorme reto: aumentar para 2050 la producción de alimentos en un 70%, para alimentar a los tres mil millones de habitantes más que se espera habiten para entonces la Tierra, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés). 

¿Es posible alimentar a una población que se incrementa sin destruir el planeta ni a nosotros mismos?

Una comisión formada por 37 científicos líderes alrededor del mundo buscaron respuesta a esta pregunta a través de varios estudios, uno de ellos publicado en The Lancet hace unos meses. La respuesta es sí pero no sin cambiar nuestra manera de comer.

Este análisis reporta que una dieta sustentable para el Antropoceno –el nombre que se ha propuesto para la siguiente era que viene, después del Holoceno en la que vivimos hoy– estaría basada predominantemente en plantas.

La proteína animal, los granos refinados y la comida altamente procesada y con azúcares añadidos tendrá que disminuir de manera dramática de nuestros platos. Para lograr esto, la disminución en el consumo de carne y de azúcares refinados tiene que disminuir 50% y el de frutas, vegetales, nueces y legumbres tiene que duplicarse.

En general, para lograr alimentar a estos tres mil millones de seres humanos más será necesario cambiar nuestros hábitos alimenticios. Junto con ello, necesitamos hacer más eficientes nuestros sistemas de producción, además de reducir el desperdicio de alimentos actual.

El creciente interés en las proteínas vegetales

No solo las legumbres forman parte de las fuentes que existen de proteína vegetal. Existe también la carne de origen vegetal. Esta está compuesta por ingredientes derivados de plantas pero diseñada para verse y saber como carne real.

En este camino hoy ya hay empresas que se encuentran diseñando su “propia versión”, según explica Chiara Cecchini, cofundadora del Future Food Institute en un texto para el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés).

Fuentes alternativas de proteína hoy están teniendo lugar en el mercado y parecen estar encontrando cabida. De acuerdo con una investigación de A.T. Kearney –recogida en el mismo texto del WEF– sostiene que las startups que están en este camino de creación de sustitutos vegetales de carne recogieron una inversión total de 900 millones entre 2010 y 2018.

Es mucho y creciente el interés en este tipo de desarrollos. En el último año, Bill Gates invirtió en Impossible Foods y en Beyond Meat casi 130 millones de dólares, ambas startups que trabajan en el desarrollo de carne basada en insumos vegetales que pueda imitar el sabor, la textura y la apariencia de una hamburguesa animal.

Sin embargo, es todavía un reto cambiar la manera en la que gente dimensiona su propia alimentación. “La carne sigue siendo una parte integral de las culturas en todo el mundo. No solo es una fuente de nutrición, el consumo de la carne afecta todo, desde la socialización hasta el estatus social”, sostiene Cecchini.

Es necesario trabajar en el desarrollo de estas opciones vegetarianas a la carne. Adicionalmente, se necesita cambiar la percepción humana sobre estas para que más personas estén dispuestas a hacer el cambio.

Lo mismo aplica para las legumbres. Según la ONU, es necesario crear una mayor conciencia pública de los beneficios nutricionales y medioambientales de las legumbres, para que pueda incrementarse su consumo.

Para nuestra propia supervivencia necesitamos poner un mayor peso en nuestro consumo de proteína vegetal. Pero para ello, primero tenemos que cambiar en gran medida la manera en la que pensamos nuestra propia alimentación. 

En el desarrollo de nuevas soluciones que puedan cubrir nuestras demandas protéicas y en la rapidez en la que cambiemos nuestra mentalidad, está puesta la esperanza.

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