Incertidumbre y fracaso: 5 lecciones de innovación para enfrentar lo desconocido y probar lo que nunca antes había probado 

El fracaso es duro, pero es solo un paso más que nos acerca al éxito... si lo sabemos gestionar bien. Te contamos cómo lidiar con la incertidumbre y el fracaso a la hora de crear algo que nadie ha probado antes.

Mariana F. Maldonado

Periodista especializada en innovación.
Jun 20, 2024

Innovar es una danza con lo desconocido, donde cada paso adelante puede ser tan emocionante como aterrador. Marie Curie, una de las químicas más destacadas de todos los tiempos, desafió las normas científicas establecidas de su tiempo y perseveró a pesar del rechazo de la comunidad científica, desarrollando métodos pioneros para medir la radiactividad y descubriendo elementos como el radio y el polonio, lo que sentaría las bases para la radioterapia y la medicina nuclear moderna.

Steve Jobs, el visionario cofundador de Apple, enfrentó la adversidad y la resistencia de la industria tecnológica al introducir productos innovadores que transformaron la manera en que interactuamos con la tecnología e incluso en algún momento de su carrera, fue despedido de su propia empresa.

Nikola Tesla compitió intensamente con Thomas Edison y otros contemporáneos en el campo de la electricidad y la ingeniería eléctrica y, a pesar de numerosos reveses financieros y técnicos, Tesla continuó innovando, desarrollando la corriente alterna y trabajando en tecnologías que sentaron las bases de los sistemas eléctricos modernos. 

La lista puede ser interminable, ya que innovar implica caminar en un terreno inexplorado donde no se sabe cuál será el próximo obstáculo y en el que, dado que se desarrolla en un contexto de alta incertidumbre, solo hay algo seguro: que el fracaso se convierte en una consecuencia natural. No todos los intentos tendrán éxito, y muchos fracasarán antes de lograr avances significativos, pero estos son inevitables cuando se trabaja con variables y condiciones nunca antes probadas.

Thomas Edison afirmaba que cada intento fallido no es un error, sino un paso más hacia el descubrimiento de lo que funciona. La incertidumbre en el proceso de innovación y sus consecuentes derrotas, implican que se aprenderá más de lo que no funciona antes de encontrar lo que sí lo hace.

 

Cada caída es un paso que se acerca al éxito 

El Ford Edsel es recordado como uno de los mayores fracasos en la historia del automóvil. La compañía había investigado al mercado cuidadosamente y planificado el modelo para que compitiera con General Motors y ofreciera una línea completa de productos, pero el automóvil no cubrió las expectativas y tuvo que salir del mercado.

Este episodio amargo llevó a Ford a darse cuenta de que algo fundamental estaba cambiando en el mercado automotriz: ya no se trataba solo de segmentar el mercado por ingresos, sino por estilos de vida. Las personas no se medían por lo que podían comprar con lo que ganaban, sino por lo que necesitaban (y deseaban) tener en su día a día.

La respuesta ante esta rotunda equivocación fue el Mustang, un automóvil que no solo rompió con las convenciones de diseño establecidas, sino que también le dio a la compañía una identidad distintiva ya que obligó a la empresa a entender a profundidad las necesidades cambiantes de los consumidores. La equivocación no solo permitió a la empresa aprender de sus errores, sino que también le proporcionó valiosas lecciones sobre cómo adaptar su estrategia para capturar la imaginación del consumidor en un mercado incierto y competitivo. Hoy el Mustang es el auto deportivo más vendido en los últimos 70 años a nivel mundial.

Peter Drucker, reconocido por ser el “padre” del management moderno, utiliza este caso para demostrar que el fracaso es una fuente muy productiva para la innovación. Y este ejemplo de cómo las derrotas, si se gestionan bien, son el camino al éxito; dalo por descontado.

James Dyson, un famoso inventor británico, reconoce haber amasado una fortuna de aproximadamente 25 mil millones de euros “fracasando una y otra vez”. Su riqueza la forjó principalmente a través de la invención de la aspiradora sin bolsa, un dispositivo revolucionario que transformó el mercado doméstico y que le llevó a convertirse en el hombre más rico de Reino Unido.

En su libro, “Invention: A Life of Learning Through Failure”, destaca que la principal cualidad que lo llevó a reponerse de numerosos equívocos sin reservas ni prejuicios es la perseverancia frente a la incertidumbre. Incluso por encima de su inventiva, que abunda: además de las aspiradoras, ha creado lavadoras, ventiladores, secadoras de manos y de cabello, auriculares, e incluso un prototipo de automóvil eléctrico que no llegó a concretarse. 

Dyson necesitó reponerse a mucha incertidumbre, seguida de muchos fracasos: En el caso de la aspiradora ciclónica G-Force, su invento crucial, necesitó cinco mil 127 prototipos y cuatro arduos años de trabajo para entrar en un mercado en el que muchos minoristas británicos le boicoteaban debido a que habían encontrado en el recambio de bolsas un nicho de mercado al que no querían renunciar.

“El fracaso es fértil” y “la innovación es lo único que de verdad importa” son sus frases favoritas y los pilares sobre los cuales ha construido su carrera. Desde su icónica aspiradora sin bolsa hasta sus experimentos con vehículos eléctricos, Dyson es la prueba de que el camino al éxito está pavimentado con errores y reveses que son necesarios para llegar a la verdadera innovación. Equivocarse no es el final, sino el comienzo de algo nuevo y prometedor. 

Sabemos que la verdadera innovación no ocurre de la noche a la mañana: es un viaje largo y arduo, pero las recompensas son enormes. Por eso te damos una serie de directrices que te pueden ayudar a enfrentar mejor la incertidumbre y a lidiar –y aprender– del fracaso cuando este llegue. 

 

Acepta la incertidumbre como parte del proceso

Para manejar la incertidumbre, es crucial desarrollar una mentalidad de crecimiento. En lugar de ver la incertidumbre como un enemigo, considérala como una oportunidad para aprender y crecer. Por supuesto, no se trata de cerrar y abrir los ojos para lograrlo, sino que necesitas dar pasos para acercarte a transformar tu mentalidad.

Puedes empezar a desglosar los grandes problemas a resolver en pequeños pasos, y dividir un gran desafío en tareas más pequeñas y manejables, para que de esta manera la incertidumbre sea menos abrumadora. Hazlo en un diario, en el que registres tus avances, desafíos y aprendizajes, porque estoy te ayudará a mapear el progreso, aunque solo estés dando pequeños pasos. 

David Allen en su libro “Getting Things Done: The Art of Stress-Free Productivity”, recomienda vaciar todos los pendientes en algún soporte –ya sea un cuaderno, una lista o una bandeja de correo electrónico, el que quieras– y a partir de ahí empezar a clasificar por el nivel de prioridad. Si es algo que puedas hacer en menos de dos minutos, hazlo ahora; si es algo que puedes delegar, pídele a alguien que lo haga; si es una tarea importante pero que no la puedes hacerla en ese momento, clasifícala así y si la tarea no es útil, deséchala. 

Además, rodearte de personas que han pasado por situaciones similares también puede ayudarte, ya que puede proporcionar no solo consejos prácticos, sino también apoyo emocional.

 

Desarrolla antifragilidad

La antifragilidad es una habilidad muy útil a la hora de innovar, ya que no solo propone resistir los golpes y seguir adelante, sino fortalecerse del caos, el fracaso y la incertidumbre, ambos escenarios muy familiares al proceso de innovación. 

Nassim Nicholas Taleb, creador del concepto, sugiere permitirse equivocarse repetidamente, pero cada error debe aportar fortaleza, convirtiendo las equivocaciones en oportunidades de crecimiento (más adelante te decimos cómo).

Para desarrollar antifragilidad también es importante que diversifiques tus enfoques y proyectos. No pongas todos los huevos en una sola canasta y ten múltiples opciones, porque esto te ayudará a resistir y prosperar ante los desafíos. Adopta el principio de explorar diversas rutas y mantener alternativas abiertas para adaptarte rápidamente a los cambios.

Generar nuevas ideas y probarlas al menor costo posible es también fundamental. Desarrolla diferentes vertientes dentro de tu campo y prueba tus conceptos con rapidez y eficiencia. Así podrás ajustar y mejorar continuamente, aprovechando cada experiencia para fortalecerte.

 

Acepta el riesgo y no te resistas a él

Asumir riesgos es fundamental en el proceso de innovación, pero también implica saber cómo manejarlos de manera efectiva. En lugar de tomar decisiones a ciegas, identifica y evalúa cuidadosamente las posibles consecuencias de tus acciones, para comprender qué tan probable es que ocurran y cuál sería su impacto potencial en tu proyecto.

Establece límites claros sobre cuánto estás dispuesto a arriesgar en términos de tiempo, recursos y reputación. Esto te ayudará a mantener el equilibrio entre asumir riesgos y proteger tus intereses. Si estás dispuesto a ajustar tu enfoque y estrategia a medida que surgen nuevos datos y circunstancias, podrás adaptarte rápidamente y tomar decisiones informadas para mitigar los impactos negativos.

Prever posibles escenarios adversos y desarrollar planes de contingencia por si ocurren es algo que también ayuda a enfrentar el riesgo de manera efectiva, ya que te prepara para lo inesperado. Si pides ayuda, podrás sorprenderte de nuevas perspectivas sobre cómo otros enfrentarían las situaciones a las que te estás enfrentando o a las que podrías enfrentarte.

Aprender a manejar el riesgo es un proceso continuo que requiere perseverancia y un enfoque proactivo para mejorar constantemente. Exponerte progresivamente te ayudará a desarrollar la capacidad de gestionarlo de manera efectiva y minimizar sus consecuencias adversas.

 

Aprende de cada tropiezo

Un fracaso no es solo eso, sino es un paso que te acerca más a tu meta, porque es una una fuente de datos y aprendizajes valiosos que te puede llevar a hacerlo mejor la siguiente vez. Así que es muy importante que analices tus errores de manera objetiva y sistemática.

Después de cada proyecto o experimento fallido, haz una revisión detallada para entender qué salió mal y por qué. Documenta tus hallazgos y utilízalos para informar futuros proyectos.

No te limites a tu propia perspectiva; busca feedback de colegas, mentores y usuarios para obtener una visión más completa de lo que no funcionó.

Implementa cambios basados en tus aprendizajes y prueba nuevamente. La clave es iterar rápidamente para convertir los errores en progresos. La técnica Lean lo propone –fracasa pronto y rápido– pero innovadores a lo largo de la historia lo han llevado a cabo. Thomas Edison realizó miles de experimentos fallidos antes de encontrar la fórmula para la bombilla eléctrica; James Dyson creó más de cinco mil prototipos de su aspiradora antes de lograr un diseño funcional. 

 

Persevera a pesar de los obstáculos

Estos serán muchos y habrá momentos en los que querrás rendirte. Toma eso por descontado. Pero cuando esto suceda, date una pausa, respira profundo y recuerda por qué empezaste tu proyecto y lo que esperas lograr; enumera también aquellas victorias que has tenido hasta ahora –aunque sean pequeñas– y recuerda a cuántas personas va a beneficiar. Todo esto será un boost que te infundirá nuevos ánimos para continuarlo. 

A veces es necesario darle un momento a las cosas y está bien que lo hagas porque seguramente, regresarás con mejores ideas o serás capaz de resolver el problema que antes no habías podido lograr. A esto se conoce como el “efecto de la incubación” o “efecto de la distancia” y se basa en la idea de que el cerebro necesita tiempo para procesar y consolidar la información antes de poder encontrar soluciones creativas.

Estudios han demostrado que cuando se deja descansar una idea, el cerebro puede seguir procesando y conectando información de manera inconsciente, lo que puede llevar a la aparición de soluciones innovadoras y creativas. Esto se debe a que el cerebro tiene la capacidad de procesar información de manera paralela y de manera inconsciente, lo que permite que las conexiones entre las ideas se establezcan de manera más efectiva.

La palabra innovación está entrelazada con la incertidumbre y el fracaso. ¿Cómo enfrentarse a ello? Ahí está el dilema. Asume que te enfrentarás a condiciones desconocidas y a lo que nunca antes has visto para poder convertir en realidad lo que solo existe en tus sueños.

Así que la próxima vez que alguien te diga que tu idea es “claramente imposible”, sonríe, equivócate, sigue adelante y continúa innovando. Porque solo aquellos que se atreven a explorar lo desconocido pueden alcanzar lo inimaginable. El futuro pertenece a los audaces.

 

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