Ser competente y talentoso frente a la inteligencia artificial es la nueva moneda de cambio en esta era digital

En la revolución digital, el talento se fusiona con la inteligencia artificial. Su conocimiento es la clave para triunfar frente a la alta competencia y a la incertidumbre.

Mariana F. Maldonado

Periodista especializada en innovación.
Nov 21, 2023

Víctor Moctezuma*

El activo más escaso, y a la vez el menos apreciado, es el conocimiento y la arquitectura que las organizaciones diseñan para activarlo de múltiples formas: procesos que sean simplificados, capacidades que permitan ejecutar rutinas de mayor complejidad en menos tiempo y que como consecuencia, definan productos y servicios que sean escalables y sostenibles.

En el centro de todo esto están dos personas: una la que propone desde la organización; y la otra, a la que se sirve, ya sea un tomador de decisiones, o un cliente como mercado. 

En el origen está quien propone y cómo lo hace de forma original, desde una capacidad de imaginar las posibilidades y de entender las necesidades que busca satisfacer, de forma que la respuesta de la organización sea simple pero elegante; que su cliente lo viva como algo vanguardista, pero respetando los valores y cultura; que sea atrevida, pero ligada a las formas que los recursos de la organización puedan controlar manteniendo su trascendencia. Este perfil es el de un solucionador de problemas creativo y resolutivo.

Lo primordial es la persona y lo que sabe, así como lo que, con humildad, acierta en reconocer que no sabe, pero que busca cómo cerrar esas brechas. Así, el conocimiento vuelve a ser el factor determinante. 

En este momento, la inteligencia artificial nos sorprende con su velocidad para resolver problemas cotidianos y plantear nuevas preguntas. Se presenta como un medio de transformación, no solo limitado por el acceso a la información, sino también por la calidad de la información que le proporcionamos. Es crucial comprender que sus respuestas son interpretaciones que requieren agregar nuestro criterio, capacidad analítica, experiencia y creatividad para concebir aplicaciones.

La inteligencia artificial amplifica lo que sabemos que no sabemos, sus respuestas son verdades a medias a las que hay que extrapolar nuestras propias ideas. No caigamos en el desatino de elevarla por encima de nuestra capacidad de imaginar y proponer.

 

Se buscan malas ideas

 

Por eso el conocimiento vuelve al centro. No solo basta saber, hay que reimaginar qué hacer con lo que se sabe. 

Se buscan malas ideas que, por asociación y reinterpretación, evolucionen a ser buenas ideas,a partir de la parte relacional que se forma y las creaciones que de ellas surgen.

La creatividad tiene un lugar cuando se permite libertad para que los datos pasen a base de cuestionamientos, del ¿y qué tal si?

La resolución de problemas, antes limitada por la capacidad de interpretar información, encuentra así en la inteligencia artificial, un copiloto que le permite analizar y procesar grandes cantidades de datos para proveer opciones, permitiéndonos aportar astucia y el criterio de aplicación.

 

El talento debe conectar su conocimiento

 

La guerra por el talento debe ser replanteada toda vez que este encuentra deslocalizado y se renta por horas si es necesario. Serán las contribuciones intelectuales y creativas de las personas informadas, conectadas en diversas redes temáticas y con capacidad de integrar múltiples aplicaciones de la tecnología, quienes estén en mejor posición para hacerse necesarios dentro de las organizaciones gracias a lo que consiguen resolver con base en lo que habrá de llegar en el futuro mediato.

Debemos saber delegar el procesamiento y la repetición, hacer eficiencias para permitirnos contribuir con la imaginación. El talento no radica solo en saber qué hacer, sino en cómo apalancarlo en plataformas de relaciones que cruzan distintas fronteras industriales; atraer lo que funciona en otros contextos para hacer funcional la solución más simple y rentable. Resolver a la velocidad de procesamiento de la inteligencia artificial, es una diferencia cuantitativa en recursos, pero cualitativa en la calidad de lo que podremos aportar desde la conectividad de ideas hacia acciones.

Esta nueva era del pensamiento está definida desde las redes que las ideas tejan y su capacidad de ejecución. Esta conectividad, facilitada por la tecnología, es la ventaja competitiva que las organizaciones vuelven a poner al centro. Quedan muy pocos secretos por guardar, una vez que las herramientas tecnológicas nos permiten jugar con distintas capas y versiones de información. 

Lo que permite diferenciar a la organización y destacar al aportante, es la calidad de la interpretación de los problemas y la aplicación original de los recursos, propios y de terceros.  Las ideas, sus formas y los valores que representan, son la nueva moneda de cambio.

*Víctor Moctezuma es empresario y emprendedor social, graduado del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y fundador de iLab, una fábrica de startups basada en tecnología y un laboratorio de capacitación y consultoría en innovación que tiene como base metodologías de emprendimiento diseñadas como resultado del Programa Regional de Aceleración del Emprendimiento del MIT (MIT REAP). 

Con más de 20 años de experiencia profesional, ha sido directivo en compañías tales como Coca-Cola FEMSA, The Coca-Cola Company, Kraft Foods, Sabritas y Pepsico Bebidas en áreas de Planeación y Recursos Humanos con responsabilidades para México y América Latina. 

Ha sido reconocido como fellow por Ashoka y Gifted Citizen de Ciudad de las Ideas. Se le concedió el Premio Nacional del Emprendedor por la Presidencia de México en 2015. 

 

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